Díaz y Díaz: ellas centran la muy larga precampaña electoral

Enviado por Fernando Jáuregui | 03/07/22

Si preguntas a los veteranos del PSOE sobre Yolanda Díaz, sobre su plataforma ‘Sumar’ y si representa un peligro para el ‘viejo’ y el ‘nuevo’ socialismo, recibirás de todos ellos una respuesta similar: el ‘efecto Yolanda’ se desinflará, carece de aliados, ella encarna la confusión en el mundo podemita. Si interrogas a los socialistas madrileños, que estuvieron de convención este fin de semana, sobre Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad, recibirás respuestas descalificadoras, como que Ayuso “morirá de éxito, víctima de sus propios excesos”. No estoy seguro, la verdad, de que ambos diagnósticos, obviamente interesados, estén en lo cierto.

La plataforma de Yolanda Díaz ha recibido una acogida cuando menos expectante de cara a su presentación este viernes. Es ella la que impide el descalabro de Unidas Podemos en las encuestas, aunque se mantiene en una calculada ambigüedad respecto de su alianza con ministras tan cuestionadas como Ione Belarra o Irene Montero (cuyo viaje a Estados unidos ha provocado indignación en miembros del Ejecutivo).

Díaz (Yolanda) se mantiene equidistante incluso de su propio partido, el comunista, con cuyo secretario general, Enrique Santiago, ‘número dos’ de Belarra, tiene muy pocas concomitancias. ‘Sumar’ ha perdido a Mónica Oltra, pero se beneficia, me dicen, de la aproximación de bastantes socialistas descontentos, que reclaman a Sánchez más cambios en el partido (el presidente dice que no los hará. Veremos), un lenguaje más claro a derecha o a izquierda, un talante más simpático.

Isabel Díaz Ayuso representa, claro, la otra cara de la moneda. Es una derecha radical, a la que no le importa pisar el terreno de Vox de manera ocasional. Consta que en el PSOE temen a las elecciones municipales y autonómicas de dentro de menos de un año sobre todo en Madrid, donde las encuestas muestran que el PP se ha merendado casi todos los votos que iban a Ciudadanos y que posiblemente no necesite a Vox para gobernar ni en la Comunidad ni en el Ayuntamiento de la capital. El probable rival socialista de Ayuso, Juan Lobato, es una figura en alza, prudente y moderado, pero aún es demasiado desconocido como para enfrentarse a la carismática presidenta de la CAM. Y repetir unos resultados desastrosos en Madrid le vendría muy mal al PSOE de cara a las elecciones generales que se celebrarían seis meses después, si es que Sánchez, por los motivos que fuere, no las adelanta.

Este es, por tanto, de Díaz a Díaz, el contexto político en el que se enmarca desde hoy mismo una precampaña electoral destinada a durar más de un año, olvidados ya los resultados en las urnas andaluzas y los fastos de la OTAN, que sin duda han salido muy bien pero forman ya parte de eso: del pasado. Quizá este mes de julio empecemos a tener algunas sorpresas promovidas por Sánchez, y no me refiero solo a esa rumoreada remodelación de portavoces en el PSOE (nada que hacer hasta que no sustituyan a Lastra y Cerdán, las dos cabezas visibles y enfrentadas en el partido, inamovibles porque fueron nombrados en el 40 congreso del partido). Una remodelación que el presidente y secretario general niega que vaya a efectuar, porque, asegura, y cuesta creerle, está muy satisfecho de todos sus ministros y ministras y de todos y todas los altos cargos de su partido.

Ya digo: julio es, tradicionalmente, mes de movidas políticas. Y no, por supuesto que tampoco hablo solamente del debate sobre el estado de la nación, en el que Sánchez ‘venderá’ sus nuevas estrategias, quizá rectificando un rumbo que, Meninas y éxitos internacionales aparte, parece bastante equivocado.

Share

What she said from NY

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/07/22


(What did she say? Why in that moment? Who is she?, Who cares? When did than happen? Where was it ? Las ‘w’ clásicas que cualquiera debe plantear. Y una más, How much did that cost? Pues eso)
—-

Hasta Alberto Núñez Feijóo, caballerosamente, felicitó a Pedro Sánchez por el éxito de la ‘cumbre’ de la OTAN. ‘Ella’ no. ‘Ella’, mientras el acontecimiento internacional discurría en Madrid, se hacía fotos en no sé qué rincón de la Casa Blanca, ni con quién, y selfies en Manhattan en el curso de un costoso viaje oficial que nadie nos ha explicado en qué se justificaba. Allí, en el corazón de la gran manzana, ‘ella’ soltó su discurso tópico: más enseñanza, más sanidad y menos tanques. Justo lo que su jefe, Pedro Sánchez, necesitaba en unos momentos en los que tiene que buscar apoyos parlamentarios para emprender el incremento en el gasto de Defensa, hasta veinte mil millones, al que se comprometió ante sus colegas atlánticos.

Sí, es ‘ella’ la jefa ‘de facto’ de la oposición. Y no Yolanda Díaz, que presenta su proyecto ‘sumar’ el viernes y que ha mostrado una encomiable prudencia extrema en sus declaraciones sobre los temas más espinosos en los que está embarcado el gobierno que vicepreside. No como ‘ella’, que, buscando titulares, aprovecha cualquier momento para exhibir su disidencia en los temas fundamentales en los que, como ministra, ni toca bola, ni está, ni se la espera, sino más bien todo lo contrario. Lo que no se sabe muy bien es dónde está y dónde se la espera: seguro que pretenderá ir en primera fila en el desfile del orgullo, si es que la dejan figurar allí.

La principal enemiga de ‘ella’ está en el Gobierno. No es Pedro Sánchez, que, inverazmente, dice estar muy satisfecho con todos sus ministros/as. Ni siquiera Nadia Calviño, cuyas recetas económicas ‘ella’ desdeña. Es la titular de Defensa, Margarita Robles, la mujer que tendrá que implementar y pavimentar el camino en ese incremento del gasto militar, buscando un acuerdo transversal con el PP, que es un acuerdo hoy por hoy más que posible. Su verdadera obsesión es Robles, quien, aureolada ahora con el éxito de la ‘cumbre’ tras los traspiés gubernamentales de Pegasus y del relevo en el CNI, representa todo lo que ‘ella’ no quiere ver representado en el Gobierno del que, inexplicablemente, aún forma parte.

‘Ella’ tiene el derecho, y hasta el deber, de expresar libremente sus ideas. Podemos o no compartirlas, pero hay que respetarlas. Lo raro es que ella viaje glamurosamente a NY City, como miembro del Gobierno de Sánchez, para decir desde allí exactamente lo contrario que Pedro Sánchez le estaba transmitiendo en esos momentos a Joe Biden. Y más raro aún me parece que Sánchez todavía no la haya puesto de patitas en la calle. Es, me parece, o ella o ‘Marga’. Y, con la que nos viene encima, no hay color.

Share

El ‘no’ a la OTAN se queda un poco antiguo…

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/06/22

A veces, en este país nuestro, da la impresión de que los últimos cuarenta años no han ocurrido. Que se celebre una manifestación por el ‘No a la OTAN’ me trae muchos recuerdos: yo también estaba en contra de la Alianza Atlántica, de los Estados Unidos y pensaba que la palabra ‘socialdemócrata’ era un insulto para un ‘rojo’. Pero, claro, han pasado cuarenta años, el muro de Berlín cayó en 1989 –y cambió el mundo—y la propia esencia de los partidos comunistas, los que quedan, ha evolucionado. Se diría que el PC español, dirigido por Enrique Santiago, es, en algunas cosas, una excepción. Lo curioso es que el señor Santiago, que tiene perfecto derecho a su coherencia de pensamiento, independientemente de que nos parezca más o menos moderno, es secretario de Estado del Gobierno de España. Un Gobierno que es el mismo que prepara con mimo la ‘cumbre’ atlantista de esta semana en Madrid, la más importante de la OTAN desde hace tres décadas.

Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España, es el ‘número dos’ del Ministerio que regenta Ione Belarra, un Departamento que no toca cuestiones esenciales de la marcha del Estado pero que provoca no pocos quebraderos de cabeza a sus ‘mayores’ del PSOE. Y si cierto es que otras ‘cumbres’ atlánticas en otros puntos del mundo también suscitaron protestas del ‘No a la OTAN’ en sus calles, no menos verdad es que entonces no se estaba dando la cruel invasión de Ucrania por Rusia, ni teníamos a Putin tratando de reconstruir su particular pacto de Varsovia, que hoy sería el pacto de Moscú. Ni había tantas referencias como ahora, incluyendo las del Papa, a los riesgos de una guerra mundial, aunque ‘solamente’ sea cibernética. Ni, por supuesto, los del ‘no a la OTAN’ formaban parte del Gobierno anfitrión de la ‘cumbre’.

Cuando yo, y tantos, estábamos por el ‘OTAN, de entrada NO’ el mundo era, en suma, distinto. Y España, muy distinta. ¿Cómo pensar que aquel Gobierno de Felipe González, que dio la vuelta a la opinión de los socialistas sobre la pertenencia del país a la Alianza Atlántica –con la ayuda, por cierto de la ‘tele’ que entonces dirigía el padre de Nadia Calviño– podría haber albergado, ya entonces, a ministros del PCE de Santiago Carrillo o de Julio Anguita? Y los problemas del planeta nada tenían que ver con los actuales: ahí está ese anuncio de migraciones masivas que nos llegarán este otoño –ya han empezado a llegar, ay, con imágenes trágicas—impulsadas por la hambruna derivada no solo de la guerra en Ucrania. Y ese, que es vital para España, será, presumiblemente, uno de los muchos ‘temas calientes’ a tratar en la ‘cumbre’ atlántica de Madrid.

En estas condiciones, me parece insostenible mantener en el Gobierno un núcleo hostil a las grandes decisiones de Estado, desde los alineamientos internacionales hasta la forma del propio Estado, pasando por la distribución de la economía o hasta por la nueva normativa en Sanidad, por poner apenas unos ejemplos. Creo que la misión de la izquierda a la izquierda del PSOE es presionar por medidas más ‘sociales’; incluso volver a la ortodoxia de ciertas concepciones marxistas, si se quiere. Pero desde fuera del Gobierno que dice (casi siempre) cosas por completo diferentes, no desde dentro. La situación actual propicia la incomprensión de los ciudadanos acerca de lo que hace el Gobierno.

Y me refiero también a las decisiones ‘beneficiosas’ para esa ciudadanía, como ha ocurrido con las medidas para paliar la crisis anunciadas este sábado por Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros extraordinario para aprobar remedios, aun temporales, para combatir el alza de la inflación, insostenible para muchas familias. El empeño de Podemos en mostrar que presiona para que los beneficios de tales medidas sean más amplios de lo que proponen los ministros ‘económicos’ sanchistas causa confusión. Y, de alguna manera, limita el triunfalismo del Gobierno ‘sector Sánchez’ a la hora de anunciar lo que hace en beneficio de ‘las clases medias trabajadoras’, como dijo el inquilino de La Moncloa.

No, de la OTAN no se habló en la rueda de prensa del presidente, que quería, ante todo, ‘vender’ sus medidas. Pero el tema de las continuas desavenencias con los ‘socios’ de Podemos estaba ahí; por más que Sánchez asegure sentirse muy satisfecho con el trabajo de todos sus ‘ministros y ministras’, qué duda cabe de que la existencia de ‘dos almas’ en un mismo Ejecutivo resulta cada día más incomprensible. Son dos proyectos distintos y cada día más distantes.

Puede que muchos de los mandatarios que pueblen esta semana Madrid, convertida en la ciudad más incómoda del mundo, no lleguen a enterarse cabalmente de que el Gobierno que preside un sonriente y abrazador Sánchez es bifronte, tiene dos caras, y que Sánchez adopta una u otra según conviene. Pero sí nos estamos enterando ‘los de dentro’: usted, y yo, que de aquel ‘no a la OTAN’ he pasado a dar la bienvenida a Joe Biden, encantado de que esté en mi ciudad y hasta de que abrace al presidente de mi Gobierno. Puede que yo haya cambiado, claro, pero lo que de verdad ha cambiado es todo lo demás: cuarenta años nos contemplan. Y, además, ahí tenemos al tal Putin, que acapara tantas pesadillas. No, no está la cosa para manifestaciones anti atlantistas, en mi opinión.

Share

Bienvenido, míster Biden. Y si eso le fastidia a Putin, mejor

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/06/22



(las ‘antiotanistas’ del Gobierno. Vaya dos ejem ministras…)
—-

Ya nos lo ha advertido el alcalde de Madrid: la próxima semana, va a ser la ciudad más incómoda del mundo. Más de treinta jefes de Estado y del Gobierno circulando desde sus hoteles a las recepciones, de allí a Ifema para participar en la ‘cumbre’ atlántica van a hacer del tránsito un infierno. Y encima, las manifestaciones de una parte del Gobierno en contra de lo que la otra parte ha organizado, espero que, además, bastante bien. De locos.

Esta mañana, asistiendo a uno de esos desayunos masivos con una ministra en un céntrico hotel donde se alojarán algunos de los ‘vips’ que concurrirán a la ‘cumbre’, he tardado un cuarto de hora en poder abrir las puertas de mi coche, allí aparcado. Los inhibidores funcionan ya a todo tren: y no es por los CDR y demás ‘antisistema’ que sin duda van a aprovechar la ocasión incluso para sabotear las manifestaciones antiatlantistas de Podemos, por considerarlas excesivamente poco ‘radicales’: es que no hace falta tener mucha imaginación para sospechar que el terrorismo yihadista (o no solo, claro, que hay muchas cosas que tener en cuenta) puede tratar de aprovechar la ocasión para dar una terrible y cruenta ‘campanada’.

Aunque tendamos a olvidarnos de Ucrania -ya está dejando, ay, de ser noticia–, lo cierto es que la guerra alentada por Putin continúa. Y que la ‘cumbre’ de Madrid, la más importante de la OTAN desde la caída del muro de Berlín, es un aliciente para mostrarse , desde el otro lado, amenazante.

Por eso los controles de los sistemas informáticos han acentuado sus precauciones, por eso las calles madrileñas están más vigiladas que nunca. Yo, gustosamente, renuncio a la cómoda rutina habitual en favor de garantizar la seguridad y de mostrar que España es un país perfectamente capaz de organizar un acontecimiento tan señalado como este. Aunque a una parte de mi Gobierno –¿hasta cuándo estas contradicciones?– no le guste. No, yo estos días no protestaré porque se corte el tráfico, ni siquiera porque los inhibidores no me permitan abrir mi coche. O porque las restricciones inhiban el turismo.

Esta que nos viene es una de esas ocasiones que justifican la excepcionalidad. Y si eso le disgusta a Putin, qué quiere que le diga: mejor que mejor. Bienvenido, míster Biden.

Share

El ‘efecto Biden’ es pasajero, el cabreo permanece

Enviado por Fernando Jáuregui | 21/06/22



(Una foto con Lastra perjudica a Sámchez más que una foto con Putin, fíjese lo que le digo)

El acontecimiento tendrá lugar, dicen, el próximo día 28. Esa noche, una cena en el Palacio de Oriente acogerá a los treinta jefes de Estado o de Gobierno que acuden a la ‘cumbre’ de la Alianza Atlántica más importante desde la caída del muro de Berlín. Allí, en los pasillos del palacio real, tendrá lugar, presumiblemente, el primer apretón de manos (¿abrazo?) entre Pedro Sánchez y Joe Biden. Las demás fotos ya son menos novedosas, y los estrategas de La Moncloa lo saben: Macron, Trudeau, Boris Johnson, Scholz…ya se han retratado muchas veces con Sánchez. Biden, quitando aquel fugaz y un poco sonrojante ‘paseo’ de 29 segundos, no. Y aseguran que Sánchez espera mucho del ‘efecto Biden’. Ser anfitrión de una reunión de la OTAN del calibre de la que va a tener lugar en Madrid dentro de una semana te da mucho ‘caché’ internacional y, se supone, nacional. La cuestión es: ¿cuánto duran los ecos de la visita elogiosa de Biden a España?

Sánchez debería saber que una fotografía suya junto a Adriana Lastra –como la que este martes, con presunta intención aviesa, publicaban muchos periódicos en portada tras la reunión de la ejecutiva socialista para analizar ‘lo de Andalucía’—le hace más daño que beneficios le pueda reportar un saludo afectuoso de Biden, que repartirá abrazos a los otros treinta asistentes a la ‘cumbre’, supongo que Erdogan incluido. La ‘cumbre’ va a salir bien, a menos que se produzcan diferencias a la hora de aprobar el documento estratégico para los próximos diez años o que se registre alguna mínima nota disidente al hablar de Ucrania, de Putin o de la ‘acción hacia el sur’, tema que interesa mucho a España por lo que todos saben, aunque, claro, a Ceuta y Melilla, que no están defendidas por el pacto atlantista, ni mencionarlas.

Pero ya digo: Biden no hará olvidar lo ocurrido en las elecciones andaluzas de este domingo. La memoria de los fastos en palacio o en Ifema es corta; la de las angustias de tener que comparar lo que pagabas hace unos meses por el litro de gasolina o por el aceite de girasol, o por la luz sin ir más lejos, permanece. Sánchez, esta es la verdad, comparte la misma desdicha de la que se lamentaba Gorbachov: que era mucho más apreciado fuera que dentro de su país. El presidente español empatiza más con Ursula von der Leyen –lo que no es nada malo– que con el ciudadano medio de Galicia, Cantabria, Aragón o Madrid. O Andalucía, por lo que se ve.

Este miércoles, en la sesión de control parlamentario, Sánchez tendrá oportunidad de mostrar si ha entendido el mensaje de las urnas, y no se lanza por el lamentable camino de las reacciones ante la debacle andaluza expresadas por Adriana Lastra o Rafael Simancas, representantes típicos de esos diputados ‘aplaudidores’ de cuanto el jefe exprese, aunque sea un carraspeo. Adolfo Suárez hablaba de la necesidad de no dejarse engañar por el paso triunfal por cancillerías y palacios presidenciales extranjeros: lo importante, me dijo una vez, es dar la mano a la gente que te aguarda en la calle, que espera un gesto de ti, que le escuches. Y Felipe González me reconoció que un Gobierno tiene que ser “simpático”.

No sé, ya digo, si la ofensiva de imagen consiste en la señora Lastra y Félix Bolaños presentando un libro hagiográfico de Pedro Sánchez escrito por José Félix Tezanos. Pero esa presentación fue, este martes, la primera acción de precampaña del sanchismo. Luego vienen Biden y todo lo demás, sea eso, ‘todo lo demás’, lo que sea, que, hoy por hoy, me parece que nadie, y Sánchez menos que nadie, lo sabe.

Share

Sánchez es mucho Sánchez como para vender su piel de oso

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/06/22

Lo siento, pero alguien tendría que decírselo a todos esos impacientes que exportan su entusiasmo ante un inminente cambio de tendencia en España, es decir, la salida del PSOE del poder y la llegada del Partido Popular, extrapolando a escala nacional lo ocurrido en Andalucía: Pedro Sánchez es mucho Pedro Sánchez y ya hubo quienes vendieron (vendimos, yo también cometí el error) la piel del oso antes de cazarlo.

“Pedro Sánchez está muerto, aunque él no lo sabe”, escribí yo mismo tras la ‘defenestración’ del secretario general socialista de la sede de Ferraz aquel 1 de octubre de 2016. Desde entonces, he aprendido que Sánchez, ‘el resiliente’, tiene al menos siete vidas políticas de las que, como mucho, ha consumido tres, si se quieren incluir los resultados de las elecciones autonómicas del domingo.

Es verdad que Sánchez ha dejado el PSOE como unos zorros, especialmente el Partido Socialista Andaluz, irreconciliable ya entre Espadas y la ‘decapitada’ Susana Díaz; y es cierto que los órganos decisorios, como el comité federal, han dejado, en la práctica, de contar, lo mismo que la ejecutiva. Indudable que, a la hora de atribuir responsabilidades en la gestión del partido, han primado los premios a la fidelidad ciega sobre los que jamás se atribuyeron a la competencia. Indiscutible que el personalismo cesarista se ha sobrepuesto a los órganos colectivos de responsabilidad. Innegable que el PSOE se controla desde La Moncloa (y aledaños), y que Ferraz se ha convertido en una oficina dedicada a lanzar descalificaciones contra la oposición, y punto.

Pero sería miope pensar que, porque haya perdido para bastantes años el principal feudo socialista, el andaluz, en buena parte por culpa propia –fue él quien precipitó a su rival en primarias, Susana Díaz, a los abismos–, y porque el PSOE ya no tenga poder ni influencia en Galicia, ni en Euskadi, ni en Castilla y León, ni en Madrid, Pedro Sánchez está muerto. Quien ha protagonizado su increíble escalada hacia el poder máximo, o sea, La Moncloa, no se deja abatir por un Moreno Bonilla más o menos. Ni por una Ayuso. Ni, me parece, por un Núñez Feijóo. En sus cuatro años, de la competencia de Sánchez han desaparecido Rajoy, Casado, Iglesias, Ribera, Susana Díaz, se ha minimizado la influencia de los ‘barones’ y no hay nadie que pueda proclamarse posible delfín del presidente del Gobierno y secretario general del partido para tomar las riendas antes unas nuevas elecciones generales.

Cierto, le faltan iniciativas, empatía, la sencillez y la cercanía de Moreno Bonilla. O la probidad de Núñez Feijóo, que tampoco es simpático, pero es serio y no da la impresión de querer hacerse con el poder para viajar en Falcon. Pero a Sánchez le sobra capacidad de resistencia, falta de sentido del ridículo y decisión para cortar cabezas sin pestañear. Que, en un político al uso, no siempre son defectos ni desventajas.

A Sánchez aún le queda quien le tema. Y quien le adule. Aún puede pasear por Europa hablando en tres idiomas y obnubilando a doña Ursula. Cierto: últimamente nada le sale bien, pero no me diga usted que no sabe disimularlo perfectamente, de manera que las derrotas parecen victorias, los patinazos de Pegasus una conjuta en su contra, lo de Marruecos un acto de patrotismo incomprendido por la oposición. Es un maestro de la cuerda floja y es posible, hasta probable, que logre atravesar las cataratas del Niágara en emocionante equilibrio, como Victor Mature en ‘El Gran Circo’, enamorando con su gesta a la enigmática Rhonda Fleming.

Así que algunos titulares que leí este lunes, tras la jornada electoral andaluza, del tipo ‘Bye, bye, Sánchez’, o ‘Sánchez ya puede ir haciendo las maletas’, pueden ser atractivos, incluso entusiastas. Pero el péndulo, me parece, todavía no se ha puesto del todo en marcha. A Sánchez aún le quedan algunas sorpresas que darnos, y no todas, por favor, tienen por qué ser negativas.

Share

El ‘efecto Tezanos’

Enviado por Fernando Jáuregui | 19/06/22

Difícilmente me encontrará usted entre quienes achacan al presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, José Félix Tezanos, todos los males de la patria. Creo que ocasionalmente yerra en sus predicciones en las encuestas, quizá porque, a veces, quiere errar. Ahora, se erige -y me parece que nadie se lo ha pedido- en hagiógrafo de Pedro Sánchez no a través de los sondeos, sino en un libro cuya presentación esta semana promete ser el primer mitin del largo tiempo preelectoral que se abre tras los comicios en Andalucía.

Sospecho, la verdad, que el lanzamiento de este libro, cuyos presentadores serán dos de las personas de la máxima confianza del presidente, Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, y Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, en absoluto forma parte de lo que podría ser una especie de ‘plan de recuperación’ de la figura de Sánchez, que todos presumíamos que saldría maltratada -mucho más que la del candidato Espadas- de las urnas andaluzas.

Pienso, más bien, que la presentación este martes del libro ‘Pedro Sánchez, había partido, de las primarias a La Moncloa’ es un acción -perfectamente legítima, por otra parte- que pretende poner en marcha un movimiento de solidaridad con el presidente presuntamente ‘tocado’, pero no ‘hundido’, porque el personaje tiene siete vidas políticas. Como lo muestra la propia trayectoria del protagonista de la obra, un ascenso verdaderamente increíble primero a la secretaría general del PSOE y luego a La Moncloa. Tezanos, uno de los fieles desde la primera hora al Sánchez caído, conoce bien este inusitado proceso de recuperación del poder, que se centró más bien en la militancia de base que en los ‘barones’.

Tiendo a pensar que la ofensiva ‘oficial’ de recuperación de la imagen y la popularidad de Sánchez se centrará más bien en acciones del Gobierno que desde el partido, al que, con los mimbres actuales, le va a resultar difícil salir del ambiente átono en el que se mueve. Es decir, se supone que el protagonismo de la ofensiva recaerá más en Bolaños, por muy a la baja que esté en este cuarto de hora por el ‘efecto Pegasus’, que en la veterana formación que comandan Lastra y Santos Cerdán. Mucho se espera, por ejemplo, de los efectos de la ‘cumbre’ de la OTAN a celebrar dentro de ocho días en Madrid, y de las ‘photo opportunities’ (con Biden, con hasta treinta mandatarios) que la ‘cumbre’ acarree. Sánchez sabe, como nadie, con o sin Iván Redondo para aconsejarle, aprovechar tales oportunidades.

Pero el acto de presentación del libro, en un local que coincide con el que albergó el ‘despegue’ de Sánchez a comienzos de 2017, tras la defenestración sufrida de la sede de Ferraz, sí servirá, esperan sus organizadores, para marcar, como entonces bajo el lema ‘somos socialistas’, el grado de entusiasmo de la gente de la calle hacia la figura de Pedro Sánchez. Entonces, en junio de 2017, ganó ampliamente las elecciones primarias a Susana Díaz, en aquella época presidenta de la Junta andaluza y que teóricamente controlaba, desde el feudo andaluz, el partido. Hoy, Díaz se encuentra ‘retirada’ en el Senado, apenas ha participado en la campaña del PSOE andaluz en favor de su no muy buen amigo Espadas y constituye un buen ejemplo de que en la política española se puede subir muy rápido y bajar más rápido aún.

Entonces, 2017, cinco años se cumplen ahora de aquellas primarias que ‘lanzaron’ a Sánchez , la militancia socialista se decantó por el candidato ‘no oficialista’, mientras que toda la dirección del partido se volcaba en favor de la ‘lideresa’. Sospecho que este entusiasmo no es el mismo de entonces, porque el poder desgasta, Sánchez ha hecho cosas que no se esperaban de él -la coalición con Pablo Iglesias, por ejemplo- y se advierte un cierto ‘fenómeno péndulo’ en el signo de la gobernación, y no lo digo solamente por los resultados de este domingo en Andalucía. Ni porque también los sondeos del CIS se enfrían a la hora de prever las expectativas que Sánchez tendría de ser reelegido en unas elecciones generales. Y por mucho que algunos así le quieran presentar, Tezanos es un sociólogo, no un mago. Con o sin libro, el ‘efecto Tezanos’ no existe: ¿existe el ‘efecto Sánchez’? Eso hay que verlo.

Share

El ‘momento Melenchon’ de Yolanda Díaz

Enviado por Fernando Jáuregui | 13/06/22

(el PSOE, así, es un partido agotado)
—-

—–

Este lunes, recién inaugurada la semana, allá, en el emblemático hotel, estaba doña Yolanda Díaz, llegada de la campaña andaluza, en uno de esos desayunos multitudinarios en los que se mezclan políticos, empresarios y periodistas. Ella no era la protagonista, sino el ministro Escrivá, pero últimamente a la vicepresidenta y ministra de Trabajo se la ve hasta en la sopa, sonriendo transversalmente a cuantos se la quieren acercar, aunque cierto es que aún mantiene ciertas distancias con la transparencia total con los medios de comunicación. “Su proyecto genera muchísimo entusiasmo”, dijo, forzado a responder a una pregunta sobre la plataforma ‘Sumar’, el bastante moderado Escrivá, que con su colega en el Consejo de Ministros Díaz se las ha tenido ocasionalmente tiesas, pero con la que este lunes se deshacía en sonrisas y guiños cómplices.

Yolanda Díaz es noticia allá donde vaya, sea con o sin Errejón. Es noticia cuando Pablo Iglesias, desde su sedicente tribuna crítica en los medios, le lanza sutiles alfilerazos y también cuando venenosamente la elogia; es noticia por las ausencias en sus actos de en teoría correligionarias que valen muchísimo menos que ella. Es noticia por lo que dice y por lo que calla, por lo que hace y por lo que no.

Me parece que se la empieza a tener en cuenta porque algunos portavoces de la derecha, en lugar de ignorarla como hasta ahora, dedicando todos sus rayos a Pedro Sánchez, en los últimos tiempos la atacan directamente a ella. Creo que, a la vista de lo que está ocurriendo en Francia, donde Jean-Luc Melenchon, un representante de la izquierda a la izquierda del Partido Socialista, ha logrado un importante éxito electoral, algunos que hasta ahora estaban instalados en sus burbujas empiezan a pensar que, cuando Francia estornuda, España pilla un catarro y que por estos pagos también se pueden mover las cosas en la franja del ‘gauchisme’ más rápidamente de lo que se creía.

Primero, porque la plataforma de Yolanda Díaz, que quiere basarse, dicen, en ‘gente corriente’ más que en políticos, está despertando expectación aun antes de haber siquiera dado los primeros pasos hacia su consolidación: el 8 de julio, cuando conozcamos lo ocurrido en Andalucía, será el momento de empezar el famoso ‘recorrido’, que ya se sabe que, en cuanto sales de Madrid, provoca muchos titulares de prensa.

Segundo, porque el PSOE es un erial. No es la catástrofe del PS Francés, obviamente, pero se trata de un partido acéfalo, con gentes de muy escasa altura política a los mandos, completamente absorbidos por el Gobierno y La Moncloa. Ahora mismo, el partido fundado por Pablo Iglesias Posse hace ciento cuarenta y tres años es una formación átona, sin más rumbo que sacudir leña a la oposición y al que ni siquiera se atreven a encargar la organización de la campaña andaluza no vaya a ser qué. Pero, eso sí, con una militancia fiel que conserva los viejos entusiasmos en las agrupaciones, que es algo que vale mucho.

Tercero, ignoro por dónde acabará saliendo el ‘proyecto Díaz’, que ahora va de la mano de Iñigo Errejón –convertido en telonero–, que ha abandonado algo a las complicadas figuras de Mónica Oltra o Ada Colau y que parece que nunca contó de veras con alguien tan prestigiado como Manuela Carmena, que quizá –menudo error– les parece demasiado ‘veterana’. Pero, al tiempo, se empiezan a alejar de Unidas Podemos figuras de cierto peso que se apuntan al proyecto de Díaz, sea este el que sea. E incluso, me dicen, algún socialista ‘descolgado’ anda acercándose a la vicepresidenta.

Y cuarto, me parece –siempre me lo ha parecido– que, más simple que crear algo ‘ex novo’, que necesita mucho tiempo, bastante dinero, ir creando sedes y plataformas provinciales y locales, sería apuntarse a caballo no tan ganador, pero no definitivamente perdedor. O sea, al PSOE, encarnando el ala más izquierdista e innovadora. Porque Díaz y quienes más entusiastamente la apoyan creen, aunque no dicen, que el de Sánchez, de cara a 2024, es un proyecto agotado, que no ganaría unas elecciones generales ni siquiera con las fotos abrazado por Biden o presidiendo el Consejo Europeo.

No sé si están empezando a vender la piel del oso antes de cazarlo, pero hay en los ámbitos de lo que genéricamente podríamos llamar ‘izquierda’ no pocos que piensan que Sánchez, para lo bueno y para lo malo, que de todo hay, acabará exhausto esta Legislatura, tras cinco años y pico gestionando lo inesperado (pandemia, Ucrania) con distinto grado y diversos momentos de acierto y desacierto. Pero estará quemado, resulta cada menos simpático y perderá, reconocen esos sectores, frente a una derecha que se ha reconstruido.

Ese sería el ‘momento Melenchon’, en el que PSOE, Izquierda Unida, comunistas, lo que quede de Podemos y diversas formaciones regionales menores tratarían de crear, ‘a la francesa’, su propia Unión Popular, Ecológica y Social (NUPES), bajo la dirección, seguramente, de una figura tan atractiva como doña Yolanda, a la que no se le conoce una sola declaración conflictiva en los temas más polémicos, ni un mal gesto. Bueno, ya es algo, un comienzo, una mejora respecto de esa política ‘testicular’ que conocemos.

Share

El reino del bulo

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/06/22

Es un hecho comprobado: a menor transparencia, mayor afluencia de rumores más o menos disparatados. Y España, que es país en el que la opacidad es casi en un elemento del ADN nacional, se ha convertido en un hervidero de susurros circulando por cenáculos y mentideros sin que nadie ponga el certificado de la menor comprobación a lo que se asegura que viene de la mejor fuente. Sí, pero ¿de qué fuente? Le pongo algunos ejemplos sorprendentes.

Escucho, incluso en algunas tertulias radiofónicas y televisivas que podrían presumir de serias, que el viraje del Gobierno en el tema del Sahara responde a presiones de Marruecos a tenor de algunos secretos inconfesables que los vecinos del sur habrían descubierto tras espiar los teléfonos del presidente Sánchez y de algunos ministros. Es más: he oído que el contenido de esas grabaciones por las que Rabat chantajea a España se referiría en concreto a la esposa de Sánchez. Nadie ha aportado la menor prueba consistente al respecto. Y lo cierto es que nadie conoce, ni siquiera, parece, el CNI, lo robado en el teléfono presidencial. De hecho, ni siquiera consta oficialmente, a estas alturas, que hayan sido los servicios secretos marroquíes los autores de la ‘hazaña’ del espionaje al inquilino de La Moncloa, aunque el mayor cálculo de probabilidades nos haga pensar que sí, que la DGED marroquí tuvo bastante que ver con el ‘pinchazo’. Lo cual es, por cierto, algo que el Gobierno jamás podría admitir oficialmente.

Creo que ha sido la falta de explicaciones claras y una estrategia de comunicación desastrosa –porque desastroso fue informar, como se informó, del espionaje a Sánchez y los ministros de Defensa e Interior, sin dar más datos ni detalles sobre autoría o contenidos—lo que, junto a una cierta falta de profesionalidad de quienes propagan los rumores, ha hecho que esta rumorología se extienda como un incendio voraz. Sánchez y su entorno se han convertido en el epicentro de un tráfico de ida y vuelta de ‘fake news’, rumores, habladurías, medias verdades, hipótesis y falsedades totales que, hoy por hoy, hacen muy difícilmente discernible el grano de la paja, la verdad de la mentira.

Hoy, el presidente del Gobierno, que tantas cosas inveraces ha propalado sin inmutarse, se convierte en la principal víctima de esas especulaciones que se achacan a ‘fuentes gubernamentales’ nunca citadas con nombre y apellido. Otro ejemplo: el que asegura que Sánchez ‘baraja’ –palabra siempre muy utilizada para estas cosas—no presentarse a las próximas elecciones e irse a un puesto ‘bien remunerado’ en Europa. Dudo mucho, la verdad, que alguien haya escuchado de la boca del presidente, de los ministros más solventes o de los dirigentes del PSOE, aunque no sean tan solventes, que Sánchez tenga la menor intención de tirar la toalla. Es más: el propio interesado ha acudido a desmentir la falacia, asegurando que su propósito es concurrir a la reelección allá por 2023 o cuando quiera que él mismo convoque las elecciones generales.

Y yo, esta vez, le creo: abandonar no ha sido precisamente la tónica en la trayectoria de quien fue defenestrado y logró, pocos meses después, hacerse con las riendas del máximo poder en su partido y con la presidencia del Gobierno merced a una audaz moción de censura. Que el presidente disfruta mucho más que sufre con el cargo es algo que salta a la vista: tratará de permanecer; aunque otra cosa es lo que digan las urnas en su momento, porque la figura del presidente se ha ido haciendo crecientemente antipática. Pienso que Sánchez es hoy la diana principal en el reino del bulo, tantas veces propiciado por quienes no logran refrenar su impaciencia para que se marche.

Le recomiendo que no crea demasiado a tales impacientes. Me parece que aún tenemos Sánchez para rato, nos guste o no, le pinchen el teléfono o no. El y La Moncloa permanecen unidos hasta que las urnas les separen.

Share

Pues claro que Sánchez no es Boris

Enviado por Fernando Jáuregui | 07/06/22


….

—-/Sánchez y Johnson solo se parecen en que llevan mascarilla)
,,,

Qué duda cabe de que una figura tan…¿atípica? (por ser suaves) como Boris Johnson tiene dividida a la sociedad británica entre quienes quieren que se marche y quienes lamentan que no se haya marchado ya. Muy pocos le apoyan, aunque haya salido vivo, a trancas y barrancas, de la moción de censura de su propio partido, donde hay muchos intereses en juego. Curiosamente, dos personas cualificadas me compararon en las últimas horas las figuras del despeinado Johnson y del muy atildado Pedro Sánchez: encuentro a bastantes que últimamente aseveran, demasiado apasionadamente, que Sánchez ‘se tiene que marchar’. Sin embargo, pocas cosas me parecen más injustas y disparatadas que intentar una equiparación entre ambos, como hacían ayer algunos comentaristas radiofónicos. Aunque Sánchez vaya, como Johnson, a la baja, que ya veremos.

Perdí una apuesta en una televisión cuando, hace algunos meses, pronostiqué que a Johnson le quedaban semanas en el cargo. Ahí sigue. Aquí, en España, columnista hay que habla del ‘pendulazo’, es decir, que se ve venir un cambio de ciclo político, del que los resultados en las elecciones andaluzas serían una primera muestra: las apuestas en favor de Feijóo, que este martes tuvo su primer encuentro parlamentario con el presidente del Gobierno (en el Senado, claro) crecen. Yo diría que estamos ante un rearme en lo que representa la oposición conservadora, mientras el desconcierto crece en la izquierda-de-la-izquierda. Pero, por el momento, no veo tanta desbandada, la verdad, en el principal partido que sustenta al Gobierno, el PSOE.

Pese a la obvia debilidad estructural en la dirección socialista en Ferraz, lo de Sánchez de ninguna manera va a ser, sospecho, como lo de Johnson: el ‘Boris, lárgate’ del cuarenta por ciento de los suyos para nada se corresponde con un sentimiento parecido entre los socialistas españoles. Hablan de los sucesores posibles de Johnson entre los ‘tories’, pero nadie podría avanzar el nombre de un delfín de Sánchez, incontestado, al menos públicamente, en el mundo socialista. Con los aspectos cuestionables que nos ha demostrado tantas veces, Sánchez nada tiene que ver con el ‘premier’ británico, como el 10 de Downing Street nada tiene que ver con La Moncloa, ni la monarquía británica con la española, por muchos paralelismos que se ensayen al respecto. Para lo bueno y para lo malo, la europeísta España está cada día más lejos del Reino Unido del ‘brexit’.

Esto, en todo caso, va de que el jefe del Gobierno español anda, según algunos observadores cualificados y según ciertas encuestas, a la baja, de la misma manera que alguien como Johnson cae en picado. “Dentro de año y medio ni Johnson ni Sánchez estarán en el poder”, comentaba ayer un conocido columnista. Creo que el destino del ‘premier’ es, en efecto, la puerta de salida. El de Sánchez no estoy tan seguro, comenzando porque el descalabro del candidato de Sánchez, Espadas, en las andaluzas no está tan cantado, por mucho que vaya a perder con claridad frente a los conservadores en la principal autonomía española.

Y no figuro entre quienes se dedican a atacar todo, absolutamente todo, lo que hace el presidente español: es preciso aceptar que hay luces y sombras en su actuación, y que la sociedad española está, cómo no, dividida en dos bandos, uno de ellos progubernamental (al menos, del sector PSOE). No como la británica, que me parece mucho más mayoritariamente volcada en contra de su ya digo que ‘peculiar’ primer ministro de lo que la española, por mucho que haya medios y sectores radicalmente críticos, lo está en relación con la figura, de trayectoria tan atípica, de Sánchez.

En España, la partida comienza ahora. Tal vez el ‘veintejota’, el día siguiente a lo que digan las urnas en Andalucía. Quizá tras la ‘cumbre’ de la OTAN en Madrid, que deparará a Sánchez no pocas ‘photo opportunities’. Lo que sí es seguro es que una nueva dinámica política se ha abierto en nuestro país, que hace que no haya veredictos previamente dictados aquí y ahora. En el Reino Unido, en cambio, ya está, me parece, todo dicho: Boris Johnson intentará lo imposible para sobrevivir, pero me parece que ya está sentenciado. Sánchez ha salido de tragos peores, quién sabe.

[email protected]

Share