Que no, que no voy a la huelga ni con esa ley horrenda…

Desde luego, si nadie me lo impide, yo iré a trabajar con normalidad el próximo miércoles, día en el que los sindicatos tienen convocada una huelga general. Digo ‘si nadie me lo impide’ porque compruebo que siguen adelante las tentativas de parar los transportes cueste lo que cueste y al margen de los servicios mínimos marcados. Y eso, desde luego, evitaría que yo ejerciese mi derecho a no secundar un paro que me parece nocivo, en estos momentos, para la economía española. Pero esta declaración inicial de intenciones no significa que la reforma laboral no me parezca algo cercano al bodrio. Ni significa tampoco que secunde las descalificaciones genéricas contra los sindicatos y los sindicalistas, ataques que tantas veces resultan excesivamente burdos y demagógicos.

Respeto y valoro el papel jugado por los sindicatos y la moderación expresada siempre por los actuales líderes sindicales. Tanto Méndez como Toxo me parecen personas de ánimo templado y de acreditada honradez intelectual. Cierto: se han dejado –me parece que contra su voluntad—arrastrar a esta huelga innecesaria, incomprensible y dañina, que nada va a poder resolver. Pero no menos cierto es que intentaron hasta penúltima hora negociar esa mala legislación que reforma el marco laboral español frente a un Gobierno impotente ante las presiones europeas y poco hábil en el arte de la maniobra. Y frente a una patronal caída ya en un fuerte descrédito.

Ignoro las consecuencias de lo que ocurra el próximo día 29. Me parece que los sindicatos sufrirán tales consecuencias más que el Gobierno, aunque ninguna de las dos partes –tampoco la CEOE, ni usted, ni yo—saldrá del todo indemne de una jornada en la que, sin duda, se registrarán excesos, piquetes, coacciones, mentiras sobre las cifras y, en general, tensiones de toda suerte. Sin contar, por supuesto, con el partido que sacarán a esta jornada de paro esos medios foráneos tan interesados en mostrar una imagen de que España no va bien, como si no hubiese ya suficientes elementos para corroborarlo.

Lo peor de todo, acaso, será que la huelga actuará como un elemento de distracción de otros procesos importantes en marcha, desde lo que está ocurriendo en el interior del partido gobernante –las primarias son apenas uno de los aspectos de la ebullición en el PSOE—hasta esa dinámica, a mi juicio tan interesante, que se adivina fracturando el mundo etarra. Confío en que, al menos, los llamados agentes sociales, incluyendo al Gobierno, reflexionen sobre la inevitable modernización de los sindicatos, la deseable racionalización y la renovación de la patronal y la necesaria elaboración de una ley de huelga. Será, en ese caso, lo único bueno que saldrá de esta huelga general.

Así que eso: yo trabajo, y lo escribiré todo, todo, en este blog.

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