El Rey: yo sigo…


Lo confieso: soy un iluso. Esperaba algo más del mensaje del Rey en un año en el que nos adentramos en la Navidad en estado de alarma, con cinco millones de parados –fue, por supuesto, su primer recuerdo: a los desempleados—y con cuarenta millones de españoles más en estado de consternación: ¿qué nos va a deparar el año 2011? El jefe del Estado reconoció que atravesamos un mal momento, quiso infundir ilusión, “desterrar el desánimo”, e hizo su tradicional llamamiento a que abordemos “juntos” –la palabra más repetida en el mensaje real de Nochebuena, junto con “unidad”—las transformaciones y tareas necesarias.

Eso fue casi todo, aunque, para mí, lo más importante fue esta frase: “sigo y seguiré cumpliendo mis funciones constitucionales al servicio de España; es mi deber y mi ilusión”. Por si alguien tenía dudas acerca de los planes del monarca, que ha pasado, sin duda, un año complicado. Por si alguien mantenía especulaciones y rumores variados de los que corren en este país de cenáculos y mentideros varios.

Muchas veces me he declarado monárquico; más monárquico que juancarlista. Pienso que el Príncipe está perfectamente preparado y lleno de cualidades para reinar. Pero la Monarquía ha de ganarse el puesto día a día, como si fuese una República. Solo que el Rey no es elegido, sino que su trono se asienta en el consenso de la ciudadanía.

Por eso, en momentos en los que se intuye el cambio generacional en medio de una nueva era global, la Corona española, ejemplo para otras coronas europeas, tiene que cuidar especialmente el fondo, las formas y los detalles. Y creo que, en este discurso, los detalles se han cuidado poco:me parece que los españoles piden algún gesto ‘vistoso’ de su jefe del Estado. En este mensaje, que, salvo el párrafo dedicado a su continuidad personal, tuvo mucho de lo ya visto, se han cuidado poco esos detalles, ese ansia de novedades.

La escenografía, mejorable: lo más significativo que había en la iconografía de La Zarzuela, una fotografía de ‘la roja’. Ninguna de la familia –una mención, una sola, como de pasada, al Príncipe–. El tradicional portal de Belén, desde luego. Daba la impresión de un profesor dando lecciones a la clase: podéis mejorar, todo irá bien, hay que hacer los deberes…El Rey, que es el personaje mejor valorado en esta España desilusionada, tendría, estimo, que haber puesto más carne en el asador en este envite. Una vez al año, total…

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