(des)encuentro de periodistas e indignados


La idea de confrontar en un debate público a cinco periodistas conocidos y a cinco ‘representantes’ (mandatados por ‘la asamblea’ para acudir a esta cita) de los indignados respondía a una iniciativa bienintencionada que partió de ambas partes. Pero un encuentro entre informadores y militantes del 15-m celebrado en la tarde del lunes en el Club Internacional de Prensa no dio, aparentemente, los frutos de acercamiento deseados: las incomprensiones mutuas sigue primando sobre cualquier entendimiento. Y siento decirlo, porque fui uno de los promotores de esta inédita ‘cumbre’, junto con Carlos Paredes, de ‘democracia real, ya’.

Ni la mayor parte de los ‘indignados’ renuncia a tener la razón al cien por cien ni la mayor parte de los periodistas se apea de la idea de que la fuente tiene que ir al medio de comunicación, y no viceversa. Hubo descalificaciones muy duras contra algunos medios concretos, ejemplos sonrojantes de mal periodismo, es cierto; pero no hubo, en el otro lado, el menor asomo de autocrítica. No conceden ni un miligramo de buena voluntad a los informadores que –eran, pienso, mayoría—se acercaron al movimiento del 15 m con sinceridad, interesados por un fenómeno social del que, eso también es cierto, ni se habían enterado.

Me resultó curioso que jóvenes en principio bien informados creyesen a pies juntillas que los partidos políticos deciden lo que los periódicos, radios y televisiones ofrecen a sus lectores, oyentes o telespectadores. Cierto que algunos medios están patentemente escorados hacia uno u otro lado; pero no menos verdad es que los periodistas, en general, no reciben imposiciones (en algunos casos admito que no hace falta) y, aún menos, son comprados por los representantes políticos. Pero lo que está claro es que los ‘indignados’ leen los periódicos, supongo que incluyendo los digitales (no se citaron ejemplos de estos), con enorme escepticismo: el prestigio de los medios entre este colectivo, que el sábado saldrá masivamente a la calle a reverdecer, en tiempos preelectorales, sus protestas, es perfectamente descriptible. Nulo.

Al tiempo, los periodistas asistentes, entre los que me encontraba yo mismo junto con Angel Expósito, Fernando Berlín, Robert Boschart (corresponsal holandés) y Anna Maria Damián (corresponsal rumana), moderados por Carmen Enríquez, presidenta del Club, quisieron poner de relieve algunas carencias y contradicciones del 15-m, comenzando por la falta de facilidades inicialmente dadas a los informadores en el movimiento asambleario. Creo que ellos no lo entendieron. La mayor parte de nosotros tampoco entendió el desapego de estos jóvenes, que formarán la ‘generación 2020’, por los profesionales de la comunicación. Tienen experiencias negativas, claro está, pero las extienden a la totalidad de los trabajadores de la comunicación y, sobre todo, a la totalidad de los directivos de los medios.

No, no hubo entendimiento con los ‘indignados’, representados por el muy activo Carlos Paredes, César Ruano –también de ‘democracia real ya’–; Jesús Gil (Juventud sin Futuro) y Jorge Fonseca e Iván Ayala, del grupo de trabajo ‘economía de la Puerta del Sol’. Mal asunto, porque los medios son necesarios en una sociedad como esta nuestra, y estoy convencido de que los indignados, también. Bueno, al menos se sentaron todos en una misma mesa y hasta hubo, luego, apretones de manos e intercambios de teléfonos. ¿Se repetirá la muy intreresante experiencia?

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