Sonrían para la cámara, por favor

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((¿se harán foto conjunta firmando el pacto? ¿No se la harán? Oh, terrible dilema político. Los saco estilizados, por lo fantasmal del tema))
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Parece que el gran contencioso ahora, tras las amenazas dando un plazo de 48, luego 24, horas para concluir el acuerdo entre el Partido Popular y Ciudadanos, es si Mariano Rajoy saldrá a rubricar el acuerdo para su investidura con Albert Rivera, para hacerse la foto, como quiere el primero, o más bien no, como desea el segundo. En estos niveles andamos.

Porque Rivera sigue considerando que Rajoy, que este sábado inauguraba “o no” un nuevo curso político en Cotobade –repitió puntualmente sus mensajes más recientes–, no es digno de ejercer el Gobierno de España, pero qué remedio si una mayoría –insuficiente, eso sí—de electores quiere otra cosa. Así que sospecho que habrá acuerdo, faltaría más –total, es un pacto de muy mínimos; poca cosa realmente si se compara con los avances democráticos que necesita el país–, pero posiblemente no habrá lo que los americanos, sobre todo en elecciones, llaman ‘photo opportunity’. O sea, que Rajoy sí quiere una foto con Rivera para escenificar el acuerdo. Y, si puede ser, también el lunes dándose la mano con Sánchez para escenificar que le quiere pedir la abstención en su (la de Rajoy, digo) investidura, sabiendo, no obstante, que el socialista permanece en su terco ‘no y no, qué parte del no no entiende’ y toda esa sublime dialéctica política que caracteriza a quienes quieren ser nuestros representantes.

Fotos, imágenes que valen más que mil palabras –nunca más cierto, dado el escaso nivel del discurso político—antes de la sesión de no-investidura que copará los titulares de la semana próxima, cuyos discursos ya preparan los ‘cuatro tenores’ que cantan la crónica de la discrepancia anunciada que nos lleva al desastre, que está siendo no menos anunciado.

Lo lógico, cuando se suscribe un acuerdo que, aunque a mi modo de ver tímido, significa un cierto progreso para el país, sería que los dos principales animadores del pacto saliesen juntos, satisfechos, a darse la mano ante las cámaras: algo hemos logrado. Que salgan por separado, que renuncien a la foto, significaría, al menos a mi entender, que ambas partes están decepcionadas por el alcance de los mini-acuerdos, cuyo contenido literal aún, cuando escribo este comentario, desconozco, porque nos van contando de qué se habla en pequeñas píldoras, no vayamos a indigestarnos con tanta insignificancia. Así que reitero mi satisfacción por el pacto, porque algo es algo, pero también mi extrañeza porque nadie, ni PP –a Rajoy le gustan poco los cambios, ya lo sabemos—ni C’s, que es mucho más reformista sobre el papel, hayan puesto sobre la mesa siquiera el esbozo de las enormes reformas de fondo y de calado necesarias. Nada: hemos llegado al reformismo ‘light’ al que hemos podido llegar. Así que ahora todo se reduce a que si ‘foto sí, foto no’.

Con Sánchez sí se hará probablemente una foto Rajoy. Con apretón de manos y hasta sonrisas al político modo, es decir, sin mirarse a los ojos. Total, para nada: para que Rajoy pueda culpar al socialista de que estemos en riesgo de repetir elecciones en Navidad –perdón, la semana anterior, que en esto seguro que habrá acuerdo para evitar una insumisión civil generalizada ante las urnas–, y para que Pedro Sánchez lo mismo: que el PSOE es la alternativa al PP y que, por tanto, no va a pactar con el enemigo, máxime cuando el enemigo ha procurado, con la fecha de la investidura, que los plazos para una hipotética marcha a las urnas sea nada menos que el día de Navidad, etcétera. Bla, bla a granell.

Yo creo que en el discurso inicial que prepara Rajoy para el martes tenderá una mano –con guantes—a Sánchez, y que, al día siguiente, que es el del rifirrafe con los portavoces, comenzarán las guantadas y los guantazos: ‘tú más culpable que yo de que tengamos que ir a unas elecciones’, y ese etcétera que usted y yo tan bien nos conocemos y que tan poco sirve al bienestar de la nación.

No, no habrá, al menos no hasta después del 2 de septiembre, esa foto de Rajoy, Rivera y Sánchez que es la única que desbloquearía la situación, aunque uno estuviese en el Gobierno y los otros dos en la leal oposición, impulsando más reformas, tras facilitar la investidura del primero. ¿Tendremos esa imagen antes de que, el 31 de octubre, nos manden de cabeza a otras elecciones, ya digo que, eso sí, el 18 y no el 25-D, porque sobre eso sí que habrá acuerdo oportunista? No lo sé, pero no estoy seguro de que un cierto acuerdo ‘in extremis’ no se produzca, en medio, claro, de las bravatas y descalificaciones habituales: yo creo que el PSOE no puede permitirse dos meses más instalado en el ‘’ mientras se le ofrecen reformas y regeneración.

Lo digo porque creo, sinceramente, que van a pasar muchas cosas, entre ellas dos elecciones autonómicas, alguna catástrofe en Cataluña, dos macrojuicios por corrupción, unos Presupuestos prorrogados y algún broncazo europeo, creo que sobre todo al líder socialista, de aquí hasta el 31 de octubre. Tantas cosas pasarán que hasta es posible un cambio de rostro/s de algún/os candidato/s. Y, mientras, tendremos al jefe del Estado, atado de pies y manos por la Constitución y por su propia extremada prudencia, y al país entero, amordazado por voluntad propia y constituido en inmensa mayoría silenciosa, en vilo. Y, eso sí, discutiendo todos, con la pléyade de leguleyos al frente, si somos galgos o podencos, lo que viene a ser la moderna definición de las dos Españas: ambas coinciden en apenas una cosa, en que aquí el que se mueve no sale en la foto.

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