Los dos mejores políticos de España…y el peor


(estos, a mi juicio, los dos mejores políticos de España. ¿El peor? El peor es…)

Se anuncian en estas horas las candidaturas ‘oficiales’ para las elecciones autonómicas de los actuales presidentes de Galicia y Euskadi. El 5 de abril, domingo de Ramos, resultarán, previsiblemente, reelegidos, quizá sin alianza alguna que sustente a Alberto Núñez Feijoo, al borde de la mayoría absoluta, y manteniendo Iñigo Urkullu sus pactos con los socialistas y el recelo vigilante de Bildu. Quizá nada nuevo: los dos políticos que más han procurado la estabilidad y prosperidad de sus respectivas autonomías seguirán, si no hay sorpresas mayúsculas, en sus puestos. En territorios, por cierto, en los que la ‘coalición de progreso’ de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tiene poca influencia y casi ningún poder. Lo mismo, por cierto, que la proyectada ‘coalición de centro-derecha’, salga de ella por fin lo que salga.

El tercer territorio donde se celebrarán, quién sabe en qué momento de este año, elecciones ‘autonómicas’ –plebiscitarias más bien—está aún regido por el peor político de la historia catalana, nacional y quién sabe si universal: Quim Torra. El hombre de los líos al timón de la situación de caos instaurada por la malhadada decisión de Puigdemont, aquel 27 de octubre de 2017, de declarar la independencia de la República de Catalunya. En lugar de convocar, como casi le había convencido Rajoy de que debería hacer, elecciones.

Pero, en cualquier caso, salga por donde salga el sol –o la lluvia—en Cataluña, lo cierto es que tampoco en este territorio puede decirse que exista algún tipo de control político por parte del Gobierno central. Más bien al revés: tanto en el caso catalán como en el vasco, se trata, más bien, de que la estabilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez-Pablo Iglesias se sustenta en el mundo separatista y nacionalista de ambos territorios. Así, la gestión de los resultados electorales en los tres territorios ‘históricos’ requerirá, desde La Moncloa, negociaciones complicadas y delicadas. Y distintas: en Galicia habrá de aproximarse a algún tipo de pacto con el ‘barón’ del PP más proclive a los acuerdos; en el País Vasco, mantener esa incómoda alianza con el Partido Nacionalista Vasco, que me parece que cada día se siente menos independentista y más proclive a soluciones territoriales ‘nuevas’, inéditas; con Cataluña…

Ya digo que uno de los principales problemas que el Estado tiene planteado es la baja calidad de los políticos catalanes. Se echa de menos, claro, a Tarradellas, e incluso, en sus mejores momentos, a Pujol. Ojalá Cataluña tuviera un Urkullu, siempre dispuesto a transar y jamás proclive a sacar los pies del tiesto. Me inquieta poco esa negociación de un nuevo Estatuto vasco, por mucho que Bildu meta sus manos en ese pote: ahora mismo, apenas un veinte por ciento de los vascos, dicen todos los estudios demoscópicos, apoyaría claramente una independencia. O sea, como en Cataluña en 2010, hasta que el viento del ‘procés’ y los errores de todas las partes barrieron cualquier atisbo de normalidad.

Esa normalidad que los dos mejores políticos del país han de procurar, y creo que procurarán, garantizar, al menos en sus respectivas autonomías. Y ya ven que no estamos aquí hablando de la batalla entre ‘derechas’ e ‘izquierdas’: hay otras formas de hacer política.

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