‘España puede’, desafortunado eslógan



(ya no cabe la picaresca en la acción gubernamental)
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‘España puede’ es el nuevo eslogan publicitario de un Gobierno que ha querido especializarse en lemas triunfales, como aquel ‘salimos más fuertes y más unidos’ que devino, ay, en todo lo contrario. Creo que el estratega Iván Redondo se ha equivocado esta vez con la frase que acompañará el acto –muy significativo, por cierto— del próximo lunes en la ‘cumbre’ del Ejecutivo con las fuerzas sociales. Sí, un error, porque ya he leído titulares de comentarios como ‘no, así España no puede, presidente’, o ‘se podría, pero usted no puede’. Significativo además que Redondo, o quien sea, se haya decantado por el verbo ‘poder’, que entronca directamente con el nombre de la formación coaligada con los socialistas en el Gobierno. De ahí el encabezamiento de mi artículo de hoy: ¿podremos poder con Podemos?.

Creo que España es un país que ha demostrado que, básicamente, funciona. En la dura prueba de la pandemia los mercados han seguido bien abastecidos. La recogida de basuras, los transportes públicos, las comunicaciones, Internet, incluso la Sanidad sometida al más terrible ‘test’ de estrés, las fuerzas armadas, las fuerzas del orden, todo ha dado una talla más que suficiente. Excepto nuestros representantes. Ahí es donde la cosa ha fallado: no saben o no pueden manejar este gran país nuestro. Puede que nosotros, sociedad civil, podamos. Pero ellos puede que no puedan. Y menos aún con Podemos.

Un Gobierno, ante una emergencia como la que nos va a estallar en la cara ya dentro de una semana, cuando, sin pretexto vacacional posible, adquiramos plena conciencia de lo que viene, no puede ser sino una máquina de eficacia y de ideas nuevas al servicio de las duras, heroicas, soluciones imprescindibles. De ninguna manera puede ser una (des)organización que permanentemente se mira el ombligo y se cuestiona por el método, la dirección a tomar y la velocidad de la marcha: primero fueron las diferencias sobre la forma del Estado (asunto, claro, crucial), sobre los impuestos, sobre la reforma laboral. Y ahora sobre la vuelta a las clases de nuestros estudiantes (aunque el famoso episodio de Iglesias con Celáa no haya existido) y, otra cuestión básica, acerca de si Ciudadanos debe o no apoyar los presupuestos ‘de país’ imprescindibles para comenzar la reconstrucción.

Que dentro de un mismo Ejecutivo existan dos tendencias tan opuestas es algo que no queda paliado, sino agravado, por el hecho de que Pedro Sánchez haya excluido a sus socios de Unidas Podemos de los asuntos clave de la gobernación: el esfuerzo que se ha requerido para apartar a Pablo Iglesias, Irene Montero y Garzón de las decisiones más importantes en materia económica, educativa, sanitaria o de la política exterior, sería necesario para reforzar con otras gentes, más afines, menos, ejem, ‘incordiantes’, todas esas áreas.

Que a usted o a mí nos cueste recordar los nombres de todos los ministros porque algunos están como ausentes; o que las tres vicepresidentas estén decididamente enfrentadas con el vicepresidente segundo es un dato más a añadir a mi convicción personal: he hecho no pocas apuestas en el sentido de que Sánchez tendrá que proceder a una remodelación pronta en su Consejo de Ministros, sin duda el más ‘peculiar’ de Europa. Con Podemos, España no puede. Y puede que este elenco ministerial al completo no pueda llegar a cumplir su primer aniversario, el próximo 13 de enero. Claro que no, es posible.

Así de simple: esta misma semana, de encuentros importantes del presidente del Gobierno con las fuerzas sociales y políticas, habrá de darse un paso hacia la opción entre los dos futuros irreconciliables: reforzar la alianza de la investidura, tendiendo manos y lazos hacia Podemos, Esquerra y otras fuerzas menores como Bildu, o procurar el pacto transversal incorporando a las tareas de reconstrucción a un Ciudadanos cuya cooperación vale ahora mucho más que sus raquíticos diez escaños. Y, sobre todo, incorporando al Partido Popular. Y ya sabemos, ya sabe Pedro Sánchez, cuál es, nos convenza o no, la condición terminante de Pablo Casado: con Podemos echando el aliento en la nuca no se puede pensar en un acuerdo PSOE-PP. Tan sencillo como eso.

Me parece que ha llegado la hora de elegir, incluso aunque el ‘no’ de los morados a permitir el concurso de Ciudadanos en los Presupuestos sea apenas un farol, una amenaza que no se cumplirá porque a Iglesias y compañía les costaría demasiado abandonar la poltrona: no está ahora la cosa para juegos florales ante la amenaza de que una de las dos Españas nos hiele, de verdad esta vez, el corazón.

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