Dos formas de ver a la Corona

—-
(peligrosa sensación de que existe una Corona ‘de la derecha’, otra ‘socialista’ y una btercera, a abolir. Un país no pyuede andar jugando así con sus instituciones)

Quizá haya pasado la hora de los reproches: muchas cosas se hicieron mal, por todos, incluyendo seguramente a bastantes medios, con la visita fugaz de Juan Carlos I a España, para regresar a Abu Dabi con una suerte de ‘esto no es un adiós, sino un hasta la próxima regata’. Pero sí es la hora de analizar en profundidad las consecuencias de una visita que se quiso inscribir en lo normal dentro de la anormalidad, en lo rutinario dentro de la excepcionalidad, y que me parece que ha dejado profundos surcos en la piel de la primera institución española.

El evidente fraccionamiento en las relaciones entre Felipe VI y su padre, que el insípido comunicado de La Zarzuela tras el encuentro entre ambos no ha podido, ni quizá querido, disimular, es sin duda una mala noticia para la Corona. Un análisis de lo dicho y opinado estos días, tanto por la clase política como por los editorialistas más solventes, arroja la conclusión de que, simplificando quizá demasiado, pero sin exagerar tampoco mucho, la idea de la Monarquía se ha ido dividiendo en dos fracciones: la que apoya al padre, identificada con ‘la derecha’, y la que respalda al hijo, que ahora podríamos focalizar en el PSOE-Gobierno. Hay, desde luego, una tercera España, la de Podemos, el independentismo y otras fracciones de la izquierda-de-la-izquierda que simplemente abominan de la Monarquía como forma de Estado y se permiten llamar ‘ladrón’ a quien ostentó la jefatura de ese Estado durante cuarenta años, habiendo contribuido no poco, por cierto, a la consolidación de esta democracia.

Ello no significa que podamos ni debamos olvidar todas las irregularidades, algunas muy serias y de diverso tipo, protagonizadas también durante bastantes años por quien ahora es llamado ‘el emérito’. Ni podemos dejar de resaltar que su comportamiento, primero yendo a vivir en Abu Dabi como invitado real, y luego con esta ‘escapada deportiva’ a España, se aleja bastante da las pautas de conducta impuestas a la familia real por quien es ahora el inquilino de La Zarzuela, un Rey a mi juicio cabal, serio y honrado sin resquicios, aunque en su entorno se aprecien errores de comunicación más que evidentes.

Cuando miembros del Gobierno, que sin duda respaldan a Felipe VI, critican abiertamente la conducta de Juan Carlos I, están, de paso, ahondando en esa brecha que poco a poco diseña dos monarquías. Cuando desde el PP, Ciudadanos y Vox se elogia sin reparos ni salvedades, sin la menor crítica, a Juan Carlos I, se está haciendo lo mismo: dar a entender que existe una Corona de unos y otra de otros. Y eso es lo peor que podría pasarle a una institución que ahora encarna el régimen constitucional que nos dimos en 1978 y que ha funcionado, con los altibajos que se quiera, bastante bien en todos estos años. Parafraseando la máxima jesuítica, ‘en tiempos de crisis no hay que hacer mudanza’. Ni erosionar, así porque sí, lo que va bien. Y eso, me temo, es lo que ha ocurrido.

Share

Deja una Respuesta