Díaz y Díaz: ellas centran la muy larga precampaña electoral

Si preguntas a los veteranos del PSOE sobre Yolanda Díaz, sobre su plataforma ‘Sumar’ y si representa un peligro para el ‘viejo’ y el ‘nuevo’ socialismo, recibirás de todos ellos una respuesta similar: el ‘efecto Yolanda’ se desinflará, carece de aliados, ella encarna la confusión en el mundo podemita. Si interrogas a los socialistas madrileños, que estuvieron de convención este fin de semana, sobre Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad, recibirás respuestas descalificadoras, como que Ayuso “morirá de éxito, víctima de sus propios excesos”. No estoy seguro, la verdad, de que ambos diagnósticos, obviamente interesados, estén en lo cierto.

La plataforma de Yolanda Díaz ha recibido una acogida cuando menos expectante de cara a su presentación este viernes. Es ella la que impide el descalabro de Unidas Podemos en las encuestas, aunque se mantiene en una calculada ambigüedad respecto de su alianza con ministras tan cuestionadas como Ione Belarra o Irene Montero (cuyo viaje a Estados unidos ha provocado indignación en miembros del Ejecutivo).

Díaz (Yolanda) se mantiene equidistante incluso de su propio partido, el comunista, con cuyo secretario general, Enrique Santiago, ‘número dos’ de Belarra, tiene muy pocas concomitancias. ‘Sumar’ ha perdido a Mónica Oltra, pero se beneficia, me dicen, de la aproximación de bastantes socialistas descontentos, que reclaman a Sánchez más cambios en el partido (el presidente dice que no los hará. Veremos), un lenguaje más claro a derecha o a izquierda, un talante más simpático.

Isabel Díaz Ayuso representa, claro, la otra cara de la moneda. Es una derecha radical, a la que no le importa pisar el terreno de Vox de manera ocasional. Consta que en el PSOE temen a las elecciones municipales y autonómicas de dentro de menos de un año sobre todo en Madrid, donde las encuestas muestran que el PP se ha merendado casi todos los votos que iban a Ciudadanos y que posiblemente no necesite a Vox para gobernar ni en la Comunidad ni en el Ayuntamiento de la capital. El probable rival socialista de Ayuso, Juan Lobato, es una figura en alza, prudente y moderado, pero aún es demasiado desconocido como para enfrentarse a la carismática presidenta de la CAM. Y repetir unos resultados desastrosos en Madrid le vendría muy mal al PSOE de cara a las elecciones generales que se celebrarían seis meses después, si es que Sánchez, por los motivos que fuere, no las adelanta.

Este es, por tanto, de Díaz a Díaz, el contexto político en el que se enmarca desde hoy mismo una precampaña electoral destinada a durar más de un año, olvidados ya los resultados en las urnas andaluzas y los fastos de la OTAN, que sin duda han salido muy bien pero forman ya parte de eso: del pasado. Quizá este mes de julio empecemos a tener algunas sorpresas promovidas por Sánchez, y no me refiero solo a esa rumoreada remodelación de portavoces en el PSOE (nada que hacer hasta que no sustituyan a Lastra y Cerdán, las dos cabezas visibles y enfrentadas en el partido, inamovibles porque fueron nombrados en el 40 congreso del partido). Una remodelación que el presidente y secretario general niega que vaya a efectuar, porque, asegura, y cuesta creerle, está muy satisfecho de todos sus ministros y ministras y de todos y todas los altos cargos de su partido.

Ya digo: julio es, tradicionalmente, mes de movidas políticas. Y no, por supuesto que tampoco hablo solamente del debate sobre el estado de la nación, en el que Sánchez ‘venderá’ sus nuevas estrategias, quizá rectificando un rumbo que, Meninas y éxitos internacionales aparte, parece bastante equivocado.

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