Feijóo tiene que aprender que la política en Madrid es otra cosa, quizá peor



(Siempre he pensado que Feijóo y Urkullu son los dos mejores políticos de este país)

Vaya por delante que pienso que Alberto Núñez Feijóo es el más probable presidente del Gobierno de España tras Pedro Sánchez, y no me parece una predicción demasiado arriesgada, aunque en este país, con todo lo que ha ocurrido y ocurre, a ver quién es el guapo que se mete a profeta. Pero, dicho esto, creo que la que ahora ha concluido ha sido una mala semana para el líder de la oposición, a quien se ha visto algo descolocado ante las medidas ‘anticrisis’ del Gobierno y fuera de foco en el debate del estado de la nación en el que, por no ser diputado, no pudo intervenir.

Confieso que me equivoqué cuando escribí que Feijóo iba a ser el ganador del debate sin participar en él. Lo ganó Sánchez, sin duda. Esperaba una reacción contundente del presidente del PP tras las jornadas parlamentarias, una conferencia de prensa a bombo y platillo para anunciar iniciativas, una reacción más fuerte al desafuero de una ley de memoria histórica pactada con Bildu y a la ‘contrarreforma’ de la ley del poder judicial para poder ‘colar’ a dos magistrados afines al Gobierno en el Tribunal Constitucional. La verdad es que lo que Feijóo ha ido diciendo en las últimas horas, más allá de que derogará la ley de memoria histórica cuando él gobierne, ha merecido más bien páginas pares y titulares líquidos en los periódicos: creo que ha perdido una oportunidad de ganar el debate sin estar en él.

Que Núñez Feijóo es hombre prudente y moderado es algo obvio desde hace años. Pero no pueden confundirse la prudencia y la moderación con la falta de iniciativas y de energía en el combate a las medidas equivocadas del Ejecutivo: hizo bien absteniéndose en la votación de las medidas económicas; no podía haber votado negativamente. Pero hizo mal no proclamando con mayor fuerza su indignación ante otras cuestiones, como las más arriba apuntadas. Que hacer política en el bronco Madrid, y más si en La Moncloa está el muy hábil –entre otros adjetivos posibles—Pedro Sánchez, no es lo mismo que ejercitarla en la suave Galicia, también me parece una obviedad. El presidente del PP tiene aún que aprender a jugar en esos ‘cenáculos’ que tanto dice odiar Pedro Sánchez. Quien, por cierto, increíblemente aún no ha citado a La Moncloa a quien es líder de la oposición desde hace tres meses y medio.

El camino emprendido por Sánchez en esta era ya casi preelectoral está claro: reeditar los pactos de la moción de censura, fortaleciendo los lazos con Esquerra –ya se vio en la muy medida ‘cumbre’ con Pere Aragonés–, con Bildu y ‘conllevando’ con Podemos. Las relaciones con el PP de Feijóo no parece que vayan a ser mejores que con el PP de Casado o de Rajoy. Temo que hay que abandonar toda esperanza de grandes pactos transversales, más allá de acuerdos que ya no admiten más demora, como la renovación del Consejo del Poder Judicial.

Feijóo entró con buen pie, aclamado por todos los sectores y ‘barones’ de su partido. Ahora tiene que encontrar su sitio como un gran líder de la oposición, que no todo en este mundo de la política es ‘dar bien’ en las encuestas, para lo que valgan.

Share

Deja una Respuesta