La soledad del escritor en la caseta de la Feria



(aquí, con Federico Quevedo firmando, rara avis, un libro en la Feria)
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Poas soledades comparables a la del escritor que no es favorecido en la Feria del Libro por la presencia de numerosos fans ansiosos de que les firma un libro. Yo, al menos, nunca he logrado tener cola en mi caseta: todo lo más, tres o cuatro compradores al mismo tiempo, y luego nada, o casi. Iremos unos tres mil escribanos en esta Feria que comienza el viernes a tentar a la suerte: solamente una docena saborearán las mieles del favor de las masas. No todos/as serán, claro, verdaderos escriutores/as. Pero no hago ahora distinciones entre belenesestebanes y académicosdela lengua; yo solo recuerdo aquel día terrible en el que yo estaba no firmando un libro y, a mi lado, la autora de un libro de ‘cocina y sexo’ no daba abasto. Le dí tanta lástima que me miró y me dijo: «es que, claro, los libros de Historia son muy difíciles de entender». «Pues anda que los libros de cocina son fáciles de comer…», le repliqué. Creo que no apreció la broma porque ya no volvió a dirigirme la palabra. Y siguió firmando como una condenada, la muy…
Pues eso: amigos, parientes, deudos, no dejéis al pobre escritor rumiando su desdicha. Si no le compráis un libro, al menos compareceos y visitadle., dadle palique, hablad del tiempo (para colmo parece que mañana, cuando yo voy a firmar, lloverá).
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