Hay que redefinir también el Estado de las autonomías

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/08/21

La reunión, en la tarde de este lunes, de la comisión Estado-Generalitat de Cataluña sigue a la Conferencia de Presidentes Autonómicos del pasado viernes, en la que precisamente el representante de la Generalitat, Pere Aragonés, estuvo clamorosamente ausente. Claro que no puede decirse que la relativa irrelevancia de la ‘cumbre’ multilateral se deba a esta por lo demás importante ausencia; la verdad que parece imponerse cada día más claramente es que se hace preciso un rediseño a fondo del sistema que sustenta el Estado autonómico. Y por paradójico que pueda parecer, los encuentros bilaterales con el Gobierno vasco y el catalán pueden, si se le echa imaginación, valor y solidaridad a la cosa, alumbrar un camino nuevo para este rediseño.

Uno de los problemas para llegar a una solución más definitiva en un Estado autonómico que no me atrevo yo a asegurar que no funciona, sino que debería funcionar mucho mejor, es esa percepción, típicamente tan simplista, que enfrenta al ‘Madrid nos roba’ con el ‘Cataluña pretende quedarse con todo’. No han faltado voces de presidentes autonómicos en el encuentro del viernes en Salamanca que pusieran el acento en las ‘diferencias de trato’ que el Gobierno central evidencia con Cataluña (y con Euskadi, aunque esto se diga menos) con respecto al resto de las autonomías. Y esa queja lastra, desde luego, cualquier avance conjunto.

Mientras esta dialéctica no se supere, mientras las dos orillas del Ebro muestren tal disparidad de sentimientos y criterios, hasta que no termine el ‘cantonalismo anímico’, no habrá nada que hacer. Construir el Estado requiere solidaridad, diálogo a múltiples bandas y tener sentido de ese Estado. Pero ¿quién tiene en la cabeza ese sentido? Y más importante: ¿quiere la Generalitat construir Estado?

No engañan ni quieren engañar; en el independentismo hay distintas velocidades, la de Puigdemont y la de Junqueras/Aragonés, que, más pragmáticos, tratan de ganar dos años de ‘conllevanza’, mientras concluye la Legislatura de Pedro Sánchez. Pero tanto Esquerra como Junts se muestran firmes en su reivindicación de la independencia. Que no será ahora, reconocen en privado, pero será. Y eso es lo malo: que ambas partes piensan, con fines distintos, en aguantar, exhibiendo reivindicaciones y soluciones-parche de cara a las respectivas galerías, dos años. Después, la construcción del Estado carece de guía, de planes, de ideas. La vieja improvisación que tan cara nos viene costando a los españoles, catalanes incluidos, desde siempre.

Ya sabemos que desbloquear buena parte, o incluso todos, los 56 temas pendientes en las relaciones entre Gobierno central y Generalitat, que es de lo que se empezó a hablar este lunes en la Comisión Estado-Generalitat, no va a desactivar las reivindicaciones ‘políticas’ que se reservan para ser tratadas en la futura mesa de negociación Gobierno-Govern, a partir de septiembre y tras la Diada. Referéndum de autodeterminación, amnistía para que los ‘exiliados’ regresen, desaparición virtual de la presencia del Estado en Cataluña son cuestiones que forman parte del plan del ‘procés’ para ir a esa Republica independiente de Catalunya, idea que tanto horroriza a una parte sustancial de catalanes que, sin embargo, hoy por hoy están perdiendo claramente la partida de la opinión pública y hasta de la publicada.

Sánchez, manteniendo las reuniones bilaterales con los representantes catalanes (y con los vascos, como siempre se ha hecho), y manteniendo también la Conferencia de Presidentes Autonómicos, habrá de extender tales reuniones ‘cara a cara’ por separado con todos esos presidentes, del cántabro al andaluz, del gallego al murciano, etc. Cada Comunidad tiene sus propios intereses, sus necesidades peculiares y sus propios cauces de negociación. No sé si esto supone llegar tan lejos como pedir, tal como sugería el lehendakari Urkullu, ‘diecisiete cupos y diecisiete conciertos’ o/y significa, paralelamente, ir hacia ese Estado federal ‘de hecho’ que, por cierto, sigue estando en el programa del PSOE, aunque sea en la parte ‘olvidada’.

Lo que no puede ser es que a las discrepancias entre el Gobierno central y el Govern catalán se unan las de los presidentes autonómicos socialistas frente a los del PP, tal y como se evidenció, de nuevo, este viernes. Es preciso dar un puñetazo sobre la mesa, las mesas mejor dicho, de negociación. Saber que el Estado es lo primero, que aquí nadie roba a nadie, o al menos que nadie debería pensar que tal cosa, robar al resto de los españoles, es posible. Y que esto no es una cuestión de siglas partidistas: es una cuestión de que España sobreviva, tal y como está, durante mucho más que los dos años que restan de legislatura.

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Un plan para el regreso del Emérito

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/08/21


(cuánto han cambiado las cosas desde aquel retrato oficioso de Antonio López sobre ‘aquella’ familia real…)
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No sé a quién se le habrá ocurrido que el tradicional encuentro veraniego en Marivent entre el jefe del Estado –Felipe VI—y el del Gobierno –Pedro Sánchez—se celebre este año algo anticipadamente, concretamente el 3 de agosto. Es decir, el mismo día en el que se cumple un año de la marcha, precipitada, agitada y aún hoy inexplicada, de Juan Carlos de Borbón a un destino tan extraño como Abu Dhabi. Una coincidencia que no es un acierto, desde luego, si de lo que se trataba era de propiciar un imposible olvido de la controvertida figura de quien reinó en España durante casi cuarenta años.

Sobre este ‘primer aniversario’ hablaba abundantemente la prensa de este domingo, aportando detalles interesantes, pero no la clave de una ‘expatriación’ que se ha convertido en un enorme problema de Estado. ¿Cómo pensar que el Rey y el presidente del Gobierno, que estuvieron plenamente de acuerdo en aquella sigilosa marcha a los Emiratos, no van a hablar el martes de cómo desatar el nudo gordiano que se creó con lo que parecía una huida, o un destierro, o quién sabe, aún a estas alturas, qué?

La absoluta falta de transparencia con la que se ha tratado la saga/fuga de JC ha propiciado, claro, está, rumores, especulaciones, cotilleos, desconfianzas en las versiones oficiales. Hoy, hasta la noticia de que Juan Carlos I habría viajado alguna vez desde Abu Dhabi hasta las islas Seychelles es tratada como si fuese un secreto de Estado. Todos, amigos y fuentes oficiales, mantienen un escrupuloso silencio que evidencia lo embarazoso de una situación, la del llamado Emérito, a la que parece que ni la Fiscalía ni la Agencia Tributaria son capaces de poner fin de una vez.

Independientemente del resultado final de las investigaciones en marcha sobre las irregularidades fiscales de Juan Carlos I, e incluso al margen de la opinión sobre él de los españoles, reflejada en encuestas oportunas y apresuradas, lo evidente es que el padre del Rey se ha convertido en un problema político de primera magnitud; para la Monarquía y para el propio Gobierno, que es hoy, se quiera reconocer o no, el principal sostén de esa Monarquía encarnada por la figura prestigiosa de Felipe VI.

Esperar, como algunos pretendían, que la opinión pública, y la publicada –hay cantidad de reportajes y series televisivas en marcha sobre la figura de Juan Carlos de Borbón–, se olviden sin más de una de las historias más apasionantes que los españoles hayan conocido en décadas, es pretensión inútil. Así que algo nuevo, un plan diferente, tendrá que surgir de la cumbre en Mallorca entre el jefe del Estado y el del Ejecutivo. Prohibir cualquier contacto con el emérito, dificultar su vuelta –con lo peligroso que sería que Don Juan Carlos sufriese un agravamiento de su salud, o un percance peor, su muerte, fuera de su patria–, permitir que la aventurera y el policía corrupto parezcan creíbles en sus ataques a la figura del ausente y silente, ha sido una estrategia sin duda equivocada. El ‘plan de Marivent’, si es que de allí sale alguno, tiene que incluir la planificación del regreso a España de quien, con todos sus errores y abusos, hizo no poco por la democracia en su país. Luego, ya se verá lo que se hace con él. Ah, si Carmen Calvo e Iván Redondo contasen todo lo que saben…

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La España de las cloacas

Enviado por Fernando Jáuregui | 31/07/21

No creo, la verdad, que los españoles sigan con demasiada pasión las rocambolescas historias que afectan a corruptelas pasadas, aunque de cuando en cuando afloran las últimas decisiones judiciales por el ‘caso Kitchen’, del que salen relativamente bien parados todos menos el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, o se filtran las venganzas de la mujer fatal contra el Emérito. El caso es que a veces todo confluye: ella, el comisario corrupto, los poderosos –no solo políticos, claro está—que se creyeron intocables… Y entonces emerge la España de las cloacas y la ciudadanía se despega un poco más aún de un ‘establishment’ a su vez cada vez menos conectado con la gente de la calle.

Escribo esto consciente de que el próximo martes se cumple un año de la salida de España, aún no bien explicada, de Juan Carlos I, uno de los movimientos ‘en las alturas’ más extraños que se registran en la memoria de la opinión pública y publicada. Y ahí sigue quien fuera el jefe del Estado del Reino de España durante casi cuarenta años, en Abu Dhabi, parece que siempre aspirando al retorno y al olvido. Cosas que ella, en su larga venganza, trata de impedir a toda costa.

En la semana que concluye hemos conocido el relato de la demanda que ella interpuso contra su ex ‘amigo íntimo’ Juan Carlos de Borbón por espiarla y contra quien fuera el jefe de los servicios secretos, general Sanz Roldán, no solo por organizar este espionaje, sino también por amenazarla a ella y a su hijo. Conozco al general, que ha prestado no pocos servicios a su patria, y me parece demasiado inteligente como para acudir al domicilio de la aventurera –¡¡algunos medios la llaman empresaria!!—para tratar de intimidarla con amenazas. Otra cosa es que los servicios secretos cumpliesen su misión de averiguar lo que tramaba una dama que podría hacer, y lo ha hecho, mucho daño al Estado.

Lo preocupante es que incluso algún periódico muy respetable parece tomar en serio la versión de la mujer fatal, a la que se presenta casi como víctima, cosa que desde luego está muy lejos de ser. Claro que no quiero decir que ella, como el comisario archicorrupto con el que ella trataba, sea ni la única ni la principal representación de la España de las cloacas: hay gentes muy poderosas que utilizaron a la una o al otro, o a ambos, para sus fines, como espiar al rival comercial, robar los ‘papeles de Bárcenas’ (otro que tal) o crear una ‘policía patriótica’ que nos ‘defienda’ a su particular modo y manera, del independentismo.

Pienso que esta España de las cloacas no desaparecerá hasta que todo un pasado, en el que potentes empresarios, banqueros –han salido muchos nombres que habrían de dar explicaciones–, políticos o instituciones trataron de manejar la nave del Estado a su libre albedrío, quede por completo desenmascarado. Y sin que puedan caber sospechas de que personajes importantes se libran de culpas por ser eso, más importantes que otros. La labor de los jueces instructores –y tengo, personalmente, toda la confianza en el magistrado que lleva las ramificaciones más destacadas de las tramas superpuestas—es fundamental, como fundamental es, está siendo, el que los medios no ‘olviden’, en función de simpatías políticas o intereses, unos casos y potencien, quizá a veces algo apresuradamente, otros. Para que ese pasado no se repita no basta con los tribunales: es precisa la vigilancia adecuada, no mirar hacia otro lado, como sin duda se hizo. Luz y taquígrafos.

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Enviado por Fernando Jáuregui | 29/07/21

Apostemos: qué dirá (y no) Pedro Sánchez este jueves

Fernando Jáuregui

Las cosas parecen ir por buen camino en los datos macroeconómicos. Lo dijo Nadia Calviño tras el Consejo de Ministros del martes y, como no ha tenido suficiente repercusión, lo repetirá Pedro Sánchez este jueves, en su ya tradicional comparecencia ante los medios cuando acaba el curso político. Si, el presidente sacará pecho, apostemos, porque el FMI dice que creceremos más que nadie, porque el paro va a disminuir (previsiblemente) y hasta porque, al final, se aumentará el salario mínimo. Y ya, puestos a apostar por los temas que sacará a relucir el inquilino de la Moncloa, creo que no me arriesgo mucho al predecir que el buen ritmo de las vacunaciones será uno de los asuntos ‘estrella’. Pero la gran apuesta, también seguramente ganadora, es lo que el presidente callará en este repaso a su año de gestión, porque son cosas que tan bien, lo que se dice tan bien, no van.

Si yo pudiese acudir a esta rueda de prensa, como pude hacer en casi todas las ocasiones anteriores (ahora, por ser ‘freelance’ y por las restricciones de la pandemia, no me dejan), naturalmente que preguntaría sobre la mala marcha de las cosas políticas, no acerca de lo bien que se gestiona la economía, cosa que, por principio y a falta de los datos de este otoño, admito, y de la que me alegro, faltaría más. Ya se sabe que ‘good news, no news’, aunque el presidente, claro, intentará, como sus predecesores, sobre todo Rajoy, hicieron, destacar lo positivo y obviar –en lo posible—lo negativo, en la mejor filosofía de Johan Cruyff.

Pero claro, hay mucha tela que cortar en el desastre que es la política española. Desde el inexplicado cese de los más íntimos colaboradores del presidente –¿pero es que no nos va a contar por qué, de verdad, echó a Ivan Redondo?—hasta las consecuencias del enfrentamiento a muerte con los tribunales Supremo, Constitucional y de Cuentas. O sus planes para ese diálogo catalán, ahora que el president de la Generalitat, Pere Aragonés, acaba de dar un portazo al último acto del curso político, la Conferencia de Presidentes Autonómicos de este viernes: ¿de veras piensa Sánchez llegar al fin de la Legislatura, en 2023 o incluso 2024, de la mano de Esquerra Republicana y compañeros del ‘Gobierno Frankenstein’?

Hombre, puestos a ser curiosos, tengo también mucho interés en saber qué piensa el presidente de la brusca marcha de quien fuera su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y qué cree él que va a hacer en adelante el quizá futuro ‘reportero’ que fundó Unidas Podemos. Y ya que estamos, ¿cuál es el futuro de la coalición, sin Iglesias y con Belarra al frente del timón de Podemos y con una Yolanda Díaz que, dicen las encuestas, ya supera en popularidad a su presidente?

Sé que mis compañeros tratarán de sonsacar al jefe del Ejecutivo respuestas dignas de titulares sobre estas y otras muchas cuestiones. Siempre, claro, sin posibilidad de repreguntas, me temo, aunque quisiera creer que el actual secretario de Estado de Comunicación, el flamante Francesc Vallés, tendrá una actuación más profesional y menos hostil hacia los medios que su predecesor. Ya digo: me encantaría que esta sea una comparecencia que merezca portadas, e incluso portadas elogiosas. Pero, como ya vamos conociendo al personaje, me temo que vamos a tener más de lo mismo y que ‘Superman Sánchez’ saldrá volando por los cerros de Úbeda. Lástima; otra oportunidad perdida, y conste que me encantaría equivocarme. Apostemos.

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Esto es Hollywood

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/07/21

Ignoro si Pedro Sánchez se ha traído de su viaje a Estados Unidos algo más que los piropos de revistas de la ‘frivolité’ llamándole ‘míster Guapo’. Ojala el periplo de tres días, tan despreciado por algunos comentaristas como enaltecido por otros, redunde en inversiones norteamericanas y hasta en una recepción, algún día, al presidente español en la Casa Blanca de Biden. De momento, y aguardando más profundas explicaciones, el detalle que más me ha llamado la atención ha sido la declaración de Sánchez, entusiasmado por una visita a los estudios de Universal Pictures, de que quiere hacer de España “el Hollywood de Europa”.

Bueno, en realidad ya durante el franquismo había territorios españoles que acaparaban el interés de directores legendarios y también de algunos de, ejem, lo que podríamos llamar serie B. Ahí estaba, sin ir más lejos, Almería para rodar westerns de no mucha calidad o las tierras segovianas para alguna superproducción de Samuel Bronston. Incluso ahora algunas grandes productoras eligen municipios como Tres Cantos a la hora de montar estudios para rodar ciertas series famosas.

Creo que Sánchez va más lejos, y conste que no me parece mal la ensoñación de quien quizá se sienta como el galán de algún filme rosa. Bueno, de hecho no recuerdo qué publicación norteamericana le ha llamado estos días ‘Supermán’. Al fin y al cabo, si alguien mucho menos agraciado que él, como Pablo Iglesias, sueña con triunfar en televisión, ¿a qué no puede llegar a aspirar ‘míster Guapo’?

Bueno, al menos con esa fachenda –el norteamericano medio, que de España sabe poco, debe creer que somos todavía esos individuos morenos, bajitos y cabreados–, Sánchez ha evitado que los tiros de las preguntas de los periodistas de allá se centrasen en los problemas que el presidente ha reencontrado al retornar a casa, ay la dura vuelta a la realidad. Y claro, lo malo es que en el cine todo es magia, ficción, fantasía. Todo es posible y nos parece de lo más natural que Superman vuele. Y luego, claro, las cosas son lo que son y volar, lo que se dice volar, solo se consigue en el Falcon, que no está, todo considerado, tan mal al fin y al cabo. Hay que conformarse.

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La importancia de llamarse Adriana

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/07/21

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(Lastra, cada día con más poder. Las medallas se las lleva otra asdriana)
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Curioso que dos Adrianas ocupasen el mismo día lugares destacados en los medios: la primera, claro, Adriana Cerezo, esa joven que a los diecisiete años logró en Tokio la medalla de plata de un deporte tan minoritario aquí como el taekwondo. La segunda, Adriana Lastra, ‘número dos’ del PSOE, nos presentaba la ponencia marco del congreso que el partido que gobierna en el país celebrará en Valencia este mes de octubre. Claro, dos personas muy distintas y distantes, a las que solo une la coincidencia en el nombre de pila; pero ambas nos plantean propuestas de futuro para España, por supuesto en campos que poco tienen que ver el uno con el otro.

Naturalmente, poco especialista soy en el deporte olímpico, y menos en ese arte marcial que, a su temprana edad, ya domina Cerezo. Pero es una baza por el futuro deportivo, que es uno de los escaparates más completos y atractivos que una nación pueda mostrar al mundo. No sé si tendremos otras muchas medallas, me hablan de la probabilidad de dieciocho, pero estoy seguro de la rentabilidad de una apuesta a fondo por las promesas en los muchos terrenos deportivos por los que los españoles transitamos en este mundo.

Ojo, que no caeré en la demagogia de decir que menos viajes sin sustancia a Nueva York y a Palo Alto por parte del hombre que encarna nuestro gobierno y más inversión en posible medallero olímpico. No: Sánchez tiene que buscar espacios que no tenemos y su rostro en las televisiones, aunque sea para decir apenas banalidades, también cuenta para la ‘marca España’, como contaría, y me temo que no ocurrirá, la presencia de Felipe VI en algunos de los eventos en Japón.

Vamos, pues, con la segunda propuesta de futuro, lanzada esta por Adriana Lastra, portavoz del grupo socialista en el Congreso de los Diputados y vicesecretaria general del PSOE: presentó la ponencia marco de su partido de cara al decisivo congreso de octubre, en el que algunos ‘veteranos’ socialistas quisieran ver una especia de refundación y un regreso a los mejores orígenes, hace cuarenta años.

De este asunto me precio de entender algo más que de taekwondo, desde luego. LO que he leído sobre lo que el PSOE, el partido más veterano de España, pretende para sí mísmo en los próximos cuatro años me ha parecido muy lejano, desde luego, a cualquier renovación a fondo. El partido de Pedro Sánchez –porque de él es—está muy satisfecho con lo conseguido (es comprensible si se considera apenas el logro del poder), y no acierta a ver los peligros en el horizonte, ni creo que la señora Lastra, que se desempeña con frecuencia en el mero ataque a la oposición, sea la persona más idónea para alumbrar el camino inmediato que deshaga el nudo gordiano de la asfixiante política española.

He visto en el documento muchas propuestas de (necesaria) reforma constitucional que, obviamente, serán una simple quimera si no las respalda esa oposición a la que tan frecuentemente se acusa de ‘no arrimar el hombro’, en el mejor de los casos, y de ir contra la Constitución, en el peor. Lo más insólito en la política española es que es refractaria al pacto –por parte de la oposición también, conste—. Y hasta del entorno de La Moncloa nos hacen saber que este mes de agosto, en el que parece que van a pasar pocas cosas a la espera de los muchos tsunamis de septiembre, Pedro Sánchez no tiene la menor intención de llamar a Pablo Casado, a ver si llegan a un desatasco en la renovación del Consejo del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas…órganos institucionales que se desgastan, no pocas veces alentado tal desgaste desde la propia clase política.

No acabo de ver claramente, en fin, los perfiles del futuro que nos propone Adriana Lastra: ojalá no se equivoquen en el envite. Así que, pensando en el porvenir de mi país en muy otras cuestiones, me consuelo ante el televisor para ver qué más nos dan en Tokio. Enhorabuena, Adriana. Cerezo, naturalmente. Cuánto me gustaría poder dársela también a Lastra, pero…

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Este blog ya ha cumplido los dieciséis años

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/07/21


Ya es un blog adolescente. Desde que nació, a finales de junio de 2006, han pasado tantas cosas que a España no la reconocería no la madre que la parió, casi literalmente. He procurado dejar constancia bastante frecuente de lo que iba escribiendo en mi columna sindicada para OTR y algunas otras consideraciones personales: este blog es casi un libro de Historia, de la mucha Historia que ha transcurrido en estos dieciséis años, en los que hemos hecho de todo menos aburrirnos. Lo cual no es bueno, porquer dicen, y dicen bien, que la política debe ser aburrida.
Los blogs –a este incluso le dieron u premio cuando nació; era una novedad– ya no están de moda. Yo lo mantengo por prurito personal, como una especie de diario profesional y para constatar yo mismo, día a día, cómo se pasan la gloria, la influencia, la fama, la juventud, los ímpetus…Me parece importante perseverar en esta concienciación de quién es uno, en qué se va convirtiendo cuando, a su alrededor, tantas cosas mudan, probablemente, temo, no para mejor.


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Iván Redondo nos debe un libro apasionante

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/07/21



(sin Redondo ni Iglesias, el rumbo de la nave de Sánchez tiene que ser forzosamente diferente)

Busco afanosamente, y no las encuentro, explicaciones a algunas de las muchas incógnitas sobre el cambio de ministros, que este lunes se oficializa con la promesa del cargo ante el rey de los que entran y que el martes asistirán a su primer Consejo. No acabo de entender por qué Pedro Sánchez ha prescindido de golpe de sus principales y leales apoyos, en general, y del ‘más que ministro’ Iván Redondo, en particular. Algo muy gordo ha ocurrido, sin duda, para que el ‘Godoy de La Moncloa’, el hombre que todo lo planificaba y que tanto poder había acaparado, salga casi por la puerta de atrás, sin que el presidente, que mencionó elogiosamente a todos los ministros salientes, se acordase siquiera de él en su breve comparecencia –sin periodistas, claro—para anunciar al país los cambios.

Nadie, ni siquiera esos, los más informados, a los que Redondo les susurraba noticias que a otros velaba, esperaba, me consta, el cese del gurú, que es como dar carpetazo a tres años de gobernación de Sánchez desde que, atendiendo a las recomendaciones del ahora defenestrado, propició una sorpresiva moción de censura contra Rajoy. En estos tres años ha habido de todo, bueno y malo, incluyendo una pandemia que devastó algunos planes políticos, desgastó a todo el Ejecutivo y contempló cosas tan sorprendentes como la salida de España de quien había sido su jefe del Estado durante casi cuarenta años o la abrupta dimisión del vicepresidente más, ejem, ‘peculiar’ que haya conocido gobierno occidental alguno. O sea, Pablo Iglesias. Que, por cierto, mantuvo, mientras duró, una muy buena sintonía con Ivan Redondo.

Ninguno de los dos permanece ya junto a la fuente de todo poder, Pedro Sánchez, que inicia una nueva y sin duda diferente travesía con Yolanda Díaz en lugar de Pablo Iglesias (creo que gana en el cambio) y con Oscar López y Félix Bolaños en lugar de Redondo y Carmen Calvo (posiblemente, también gana). Y, eso sí, con varias caras nuevas de mujeres que han tenido responsabilidades municipales desempeñadas con bastante acierto en general, pero que quién sabe si podrán afrontar los retos nacionales que llegan sobre el Ejecutivo. Menos mal que el equipo económico, que ha sido lo que mejor ha funcionado en el ejército de Pancho Villa que era el ejecutivo de Sánchez, se mantiene.

E igualmente se mantiene, lo que no me parece tan bien, el equipo dejado en herencia por Iglesias, que, salvo el caso de Yolanda Díaz, que es una figura atípica por muchas razones, no ha aportado nada digno de mención a la gobernación del país, excepto líos. Eso sí, los ‘morados’ van a permanecer en una especie de gueto, apartados de las grandes decisiones que a partir de ahora se tomen, desde las económicas hasta la negociación con el independentismo catalán.

No espero que Sánchez, el hombre que aborrece la presencia de periodistas en su entorno, nos explique nunca las claves de una remodelación ministerial que era a todas luces precisa porque había ministros que pasaban de ‘tiznados’ a claramente abrasados. Pero sí espero, porque él mismo ha sugerido que podría hacerlo, que el hombre que estaba como perejil en todas las salsas acabe, ahora que ha abandonado su despacho en La Moncloa, publicando un libro en el que cuente detalles y pormenores sabrosos de lo ocurrido en estos tres años de gobernación loca. Y cómo y por qué, cuando todos pensaban que ‘Godoy’ extendería aún más su poder sobre Carlos IV, de pronto ‘mandó parar’.

Él, el valido, dice que ha sido por voluntad propia, lo que casa mal con el acaparamiento de funciones que había logrado. No acabo de creerme que lleve dos meses pidiendo al presidente su relevo. Pablo Iglesias, que igualmente ha dejado mucho por explicarnos, se marchó para hacer televisión, parece, y a saber qué otras diabluras. Redondo quiere, dice a sus amigos, escribir un libro y ‘cruzar el charco’. Falta le va a hacer poner millas por medio si lo que cuenta en el libro indiscreto provoca rayos de ira en el Zeus de todo poder. Yo, desde luego, le animo a que nos cuente todo, todo, todo. Nos quedaremos mudos del asombro. O del espanto.

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Estupor tras la crisis de Gobierno

Enviado por Fernando Jáuregui | 10/07/21

Si no conociésemos –en lo que cabe, claro—a Pedro Sánchez, diríamos que, con la remodelación ministerial anunciada este sábado, la más importante en tres años, ha perdido la batalla de la coalición en un Gobierno que precisamente hace tiempo dejó de ser una auténtica coalición, concretamente desde que de él se marchó Pablo Iglesias. Porque ha mantenido a los ‘herederos’ de Iglesias, que patentemente eran los candidatos más proclives, por sus deficiencias gestoras, para salir del Ejecutivo. En cambio, Sánchez ha realizado una auténtica escabechina entre quienes eran sus colaboradores más directos, comenzando por la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, por el ministro de Transportes, José Luis Abalos y, claro, por Iván Redondo, que, sin ser ministro, mandaba, dicen todos, mucho más que varios ministros juntos.

En total, Sánchez ha ‘despedido’ a siete ministros, algunos tan ‘clásicos’ como la hasta ahora titular de Educación, Isabel Celaa; ha ‘contratado’ a otros tantos, y ha cambiado de ocupación en el Gabinete a dos, uno de ellos, Miquel Iceta, que parecía destinado a mayores tareas que el Ministerio de Cultura. No está mal el cambio: nueve sobre un total de veintidós. Pero ha dejado intactos a los ministros/as de Unidas Podemos, lo que evidencia que tratará de mantener los esquemas básicos de funcionamiento y apoyos como hasta ahora; nada de buscar colaboraciones transversales, porque su alejamiento de cualquier posible pacto con Pablo Casado parece cada vez más definitivo. Gobierno de izquierda neta. Salvo sorpresas, claro. Porque aquí ya se ve que no hay día sin sorpresa ni verdades ‘redondas’ asentadas para siempre.

En general, y salvando lo de Podemos, creo que el giro dado por Sánchez, prescindiendo de algunos ministros ‘quemados’ y potenciando a una figura ‘europeísta’ y moderada como Nadia Calviño, podría considerarse, aunque algo desconcertante, positivo. Veremos qué ocurre con las relaciones profesionales de la nueva vicepresidenta primera con la otra ‘mujer fuerte’ del Ejecutivo, Yolanda Díaz, la ‘jefa’ de la fracción de Unidas Podemos en el Ejecutivo…sin pertenecer formalmente a Podemos. Lo que parece evidente, con esta intangibilidad de los ‘morados’, es la influencia de la ascendida a vicepresidenta segunda cerca de Pedro Sánchez, fuente de (casi) todo poder. Y digo ‘casi’ porque ahí sigue, en la cuota de Podemos, hasta el titular de Consumo; si, el del chuletón, ya sabe usted.

Algunos cambios eran previsibles y estaban en las ‘quinielas’: la titular de Exteriores, Arantxa González Laya, el de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, o el de Ciencia, Pedro Duque; otros, como Carmen Calvo, estaban siendo anunciados por los medios desde hace semanas, cuando increíblemente perdió la batalla de la ‘ley trans’ frente a Irene Montero, pero a mí me parecía algo dudoso: ha sido muy constante la presencia de Calvo en toda la acción, pública y subterránea, del Gobierno. Se lleva muchos secretos consigo y algunas claves de esta remodelación que no son fáciles de entender.

Y casi nadie creía posible la salida de Iván Redondo, el que parecía omnipotente ‘superasesor’ presidencial, por muy enfadada que tuviese a la cúpula del Partido Socialista: Sánchez parecía depender demasiado de él. Pero ya se ve que el presidente ha decidido prescindir de los ‘intocables’ y mandar de veras, colocando a su lado como jefe de gabinete a Oscar López, otrora su hombre de confianza en el PSOE, aunque en un momento dado creyó ver esta confianza traicionada: agua pasada, que permite al hasta ahora presidente de Paradores convertirse en el posible ‘nuevo Godoy’, el valido de Sánchez, desplazando nada menos que a Redondo. Al tiempo, entran en el entorno presidencial fieles como José Manuel Albares, su primer asesor diplomático, que pasa a Exteriores, o Félix Bolaños, el hombre al timón de La Moncloa, que será ministro de la Presidencia.

Sánchez, sin duda pensando en próximas elecciones municipales, mete por sorpresa en su Gobierno a varias alcaldesas notables y ‘muy del partido’; cambia la portavocía del Gobierno –era necesario a todas luces— y da un viraje jurídico a la orientación del Gabinete con la sustitución de Juan Carlos Campo por Pilar Llop (hasta ahora presidenta del Senado) en Justicia: también esto era necesario, dada la vinculación personal de Campo, que ha prestado un gran servicio a Sánchez ‘arreglándole’ lo de los indultos, con la presidenta del Congreso, lo que provocaba un claro conflicto en la separación de poderes.

Es posiblemente pronto para saber qué alcance tendrá el cambio de caras: ¿significarán algo más que un intento por mejorar el rendimiento del equipo ministerial? ¿Hay mensajes dedicados al reparto de fondos europeos, a la negociación con el Govern catalán en busca de una ‘conllevanza’ con el independentismo? No lo veo, en principio, claro. Por supuesto, Sánchez no permitió preguntas de los periodistas, o sea, más de lo mismo. Así que es difícil saber más allá de lo que aquí cuento. Por supuesto, del cambio de Redondo, Sánchez, en su breve comparecencia en Moncloa, ni palabra.

Dicen que, cuando un presidente pierde a su vicepresidente, comienza su declive. Ocurrió con Adolfo Suárez y Fernando Abril, con González y Guerra, con Aznar y Rato, con el alejamiento de Zapatero y Rubalcaba. Pero lo cierto es que Sánchez sigue rodeado desde ahora de gente de confianza total, incapaz, y más ahora que ha desaparecido Pablo Iglesias, de hacer frente a su poder. El será, en todo caso, el máximo responsable de la trayectoria de este Ejecutivo, destinado, en principio, a durar todo lo que queda de Legislatura. Imposible predecir hoy con qué resultado. Sánchez, desde luego, no nos dice nada: no más preguntas, Señoría.

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El ilusionista

Enviado por Fernando Jáuregui | 03/07/21

“Estar en un tris” es una expresión que se utiliza, según el diccionario, “para indicar que una cosa no sucede o se realiza por muy poco”. Y Pedro Sánchez nos tiene en un tris: intuimos que van a ocurrir cosas, pero o nunca acaban de pasar o, si de veras se consuman, no acabamos de enterarnos, merced a una política de especial opacidad, de hasta qué puntos nos afectan. El presidente es, así, una especie de prestidigitador, que nos mantiene absortos con unos trucos de magia en los que no acabamos de saber dónde termina el ilusionismo y dónde comienza la realidad.

A Sánchez se le puede acusar de muchas cosas, excepto de no hacer nada. “Estamos trabajando” en tal cosa o tal otra es una de las muletillas preferidas del presidente, junto a la acusación dirigida a la oposición en el sentido de que “no arriman el hombro”. El mago nos fascina con su hiperactividad hasta el punto de que se nos hace muy difícil seguir en profundidad todo el espectro de temas que acomete: ley ‘trans’, pensiones, reforma laboral, reforma de la ley de seguridad nacional, salario mínimo son temas que permanecen como en segundo término, opacados por las grandes polémicas sobre los indultos, el Tribunal de Cuentas o el alcance de un posible referéndum (constitucional) en Cataluña.

El ilusionista aparece rodeado de personajes internacionales –Ursula von der Leyen, Antonio Guterres—que elogian sin recato, cuando vienen a España, la labor del Gobierno, lo cual resta el foco a posibles futuros, pero inminentes, varapalos de los tribunales europeos a los jueces españoles. Pero eso no importa mucho al ilusionista, empeñado en una batalla ni siquiera ya subterránea contra el gobierno de esos jueces.

Al ilusionista no le gustan los fisgones, y por eso ralentiza en lo posible la labor del Parlamento, y no digamos ya la de los periodistas. Prefiere gobernar por decreto, aunque luego, siempre demasiado tarde, el Tribunal Constitucional (que tampoco le gusta) se lo reproche: el mal, o el bien, según quién lo mire, ya está hecho. O está, ya lo he dicho, a un tris de producirse.

El ilusionista vende éxitos, que los hay, y minimiza fracasos, que por supuesto existen. Y estamos a un tris de creer en su magia o, por el contrario, de desconfiar en todo cuanto emprender, como perteneciente a una ensoñación. Es imposible aprehender todo el cambio que parece cernirse sobre los ciudadanos, desde los ‘baby boomers’ hasta los ‘milennials’. Pero miras a tu alrededor y de pronto percibes que ya casi nada es como era hace tres, cuatro años. Y no te ha dado tiempo, con todo lo que estás viendo y viviendo en medio de los fuegos artificiales, de darte cuenta de las inmensas mutaciones, dignas de la metamorfosis de Kafka, que se han operado en ti, y son ya irreversibles.

Por eso, pedirle al ilusionista que, por ejemplo, convoque un debate parlamentario sobre el estado de la nación, para hacer un repaso de quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, a dónde vamos, o solicitarle ruedas de prensa ‘de verdad’, con repreguntas, es como pedirle a un mago famoso que nos explique los trucos con los que nos engaña: entonces la magia, denunciada a veces con poco arte dramático desde la oposición, está a un tris de perder su encanto.

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