Urge un Plan Nacional contra la Exclusión

Enviado por Fernando Jáuregui | 13/06/19

 

Cierto: la noticia que, para mí al menos, ha sido más impactante en los últimos meses coincidió con el ‘visto para sentencia’ del ‘juicio del siglo’, que luego se ha quedado, como mucho, en el juicio del año; coincidió con los alegatos de los políticos catalanes procesados, con sus defensores…Y claro, los medios tuvimos que aplicarnos a contar y analizar lo que pasó y las consecuencias de un proceso que traerá consecuencias, aunque nadie sepa aún cuáles. Y, por tanto, no hubo tiempo ni espacio para hablar, como ella merecía, de la ‘noticia del año’. Por si fuera poco, ahí estaban también los dimes y diretes de los pactos en busca de gobiernos sólidos, que tanto están mostrando el harapiento estado de la salud moral de nuestra política. ¿Cómo, entonces, ocuparse de la gran noticia, cuando pueda que ni siquiera sea tal, porque ya nos hemos acostumbrado a ella?

Me estoy refiriendo, por supuesto, a ese informe de Foessa y Cáritas, que nos dice que nada menos que un 18 por ciento de la población en España vive de hecho en la exclusión, y que un doce por ciento más permanece al borde de ella, con sueldos que no alcanzan a fin de mes, atenazados por el riesgo de perder la vivienda, el trabajo, todo. Más de ocho millones de seres humanos padecen, en nuestro país, un país cuyo aumento del PIB es una envidia para los vecinos europeos, eso que ha dado en llamarse exclusión. Es decir, pobreza que te aísla del mundo del bienestar, de la cultura, de la procreación responsable, de un techo seguro y confortable. Que te condena a la soledad, a la desesperación de los jóvenes y a que tantos mayores mueran en el silencio desesperante de que nadie les ayude a desear seguir viviendo. Y otros cuatro millones más han llegado a pensar, dado lo exiguo de sus ingresos, que ser ‘mileurista’ es casi un privilegio…

Ya sé que estos informes nos llegan periódicamente, cada año. Luego los olvidamos. Ahora hemos descubierto que vamos a peor: la crisis larvada, que a unos enriquece, a los más empobrece y a muchos quiebra, ha condenado a esa exclusión a casi millón y medio de personas más en la última década. Nos hemos convertido, y no lo digo yo, sino las más solventes autoridades de la economía, en uno de los países más injustos de Europa.

¿Ha oído usted hablar de estas cosas en las campañas electorales que tanto han encanallado el debate político? Yo tampoco. Estaban ellos, estábamos todos, demasiado ocupados ya digo, con lo de Cataluña, con quién pactaba con quién, con qué Ministerio le iban a dar a quien yo me sé. Ni informes Foessa, ni Cáritas, ni la ONU amonestando a España por ‘incumplir en accesibilidad’ (que esa, la situación de los discapacitados, es otra) figuran entre las principales preocupaciones de los españoles ‘no excluídos’. Ni, claro, figuran entre las inquietudes de nuestros representantes.

No pueden seguir pactando absortos en quién ocupa qué lugar en las Mesas parlamentarias, ni si los escaños de unos se colocarán en la parte de atrás y los de otros en la delantera del hemiciclo. Hicimos, laus Deo, un pacto nacional contra la violencia de género, aunque hasta esa denominación ahora se quiere discutir. Hay que hacer ya, esté quien esté en el Gobierno, en los gobiernos, y sea quien sea quien o quienes apoyen a esos ejecutivos, un pacto nacional contra la exclusión. Que no es solamente –también—una cuestión fiscal. Hay muchas medidas, desde el mejor control de los alquileres hasta facilidades para tener hijos, pasando por una muy diferente –más solidaria—política hacia la inmigración, y desde luego por una redistribución del gasto público, que hay que poner en marcha en un plan integrado, suscrito por todos los partidos. Esos que hoy están en lucha salvaje por el poder, como si no hubiese más.

Claro, me preocupa mucho que esta cuestión no haya asaltado las portadas: había temas aparentemente más urgentes. Me inquieta que nuestros políticos no hayan recogido el guante de este informe: silencio administrativo. Me angustia la indiferencia de eso que se llama ‘sociedad civil’: los que se salvan del riesgo de exclusión parecen, parecemos, aquejados de esa “fatiga de la compasión” de la que habla Cáritas. Pero no es cuestión de compasión, sino de justicia. Porque, si no estamos aquí para dejar a nuestros hijos un mundo un poco mejor de lo que lo encontramos, ¿para qué diablos estamos?

[email protected]

Share

¿Qué ‘baraja’ o ‘sopesa’ Pedro Sánchez?

Enviado por Fernando Jáuregui | 09/06/19

((¿entienden Casado y Rivera la responsabilidad que tienen en estas horas cruciales?))

 

Nunca me ha gustado esa fórmula periodística que consiste en asegurar que el presidente del Gobierno u otra personalidad ‘baraja’ o ‘sopesa’ hacer tal cosa: es una manera de escapar de afirmaciones más contundentes, de certidumbres más concretas. Confieso que, aunque pueda tener algunas sospechas, ignoro lo que Pedro Sánchez pueda barajar o sopesar ante sus citas, sin duda importantes, de esta semana: encuentros a lo largo de apenas unas horas con Pablo Iglesias, con Pablo Casado y con Albert Rivera, en todos los casos en busca de garantizar la investidura. La de Sánchez, por supuesto.

Tampoco estoy seguro de que Sánchez haya perfeccionado su arte de pactar: eso lo vamos a comprobar a lo largo de esta semana. Sí sé que ha hecho bien convocando estos encuentros, supongo que en busca de acuerdos: el país no puede seguir paralizado, negociando ayuntamiento a ayuntamiento, autonomía por autonomía, a la espera de que toda esta barahúnda acabe y solo después comenzar a pensar en formar un Gobierno sólido y estable.

Nuestras fuerzas políticas llevan demasiado tiempo hostigándose mutuamente, diciéndose ‘no es no’, convencidos los líderes de que solo cada uno de ellos, y los suyos, representan la verdad y lo mejor para el país. Han hecho –y en ello todos tienen culpa, pero unos más que otros– imposible la salida mediante una coalición, que estaba aconsejada por las urnas. Ahora quizá solo quede dejar a Sánchez gobernar en solitario, sin ataduras, impidiéndole cualquier tentación de volver a un gobierno como el que ha protagonizado este último año. No más Frankensteins, por favor.

Pero para eso, claro, Rivera o Casado, o ambos, tienen que cambiar sus rumbos. Son muchos, en sus propias formaciones, los que les piden que faciliten, de la manera más crítica que se pueda, la investidura de Sánchez. Y que nos dejemos de una vez de espadas de Damocles colocadas sobre nuestras cabezas por Podemos –Pablo Iglesias sigue, por cierto, perdiendo popularidad a chorros–, por el PNV con Navarra, por Esquerra con los presos, etcétera. Creo que una parte importante del país lo está reclamando, pero ellos siguen aferrados a la tesis de que hay que echar a Sánchez de La Moncloa, sin percibir que siete millones y medio de españoles han dicho lo contrario, para bien o para mal. Y que Sánchez, a su arrogante manera, tiene razón: no hay alternativa a él. O él, o él. Y él, con quien sea para seguir en La Moncloa.

Da la impresión de que los dos líderes del que podría ser llamado centro-derecha solo miran a las parcelas de poder que puedan corresponderles en el Ayuntamiento de Madrid, o en la Comunidad, o en Castilla y León, o… Hay ocho mil municipios en España que han de constituirse el próximo día quince, y varios cientos de ellos, entre los cuales los dos más importantes, siguen negociándose a cara de perro. Y, entretanto, el Parlamento cerrado, el Ejecutivo en funciones y varias leyes que nos exige Europa, a la espera. Son las consecuencias más visibles –hay otras subterráneas—del dislate de haber convocado dos elecciones con un intervalo de un mes. Y de no haberse puesto a trabajar en serio en una reforma de la normativa electoral. Pero eso, en fin, ya está hecho.

Supongo que algo de esto les tendrá que decir Sánchez a sus interlocutores. Este es un país en funciones y eso hace que muchas cosas no funcionen, aunque ya hayamos comprobado que se puede vivir, y bastante bien, sin un Gobierno que todo lo tutele. Aunque no eternamente: esta semana tiene que darse el pistoletazo de salida hacia una Legislatura que puede, debe, acabar con una crisis política que está resultando catastrófica para la imagen exterior de España. Y para la imagen que nosotros mismos tenemos de nuestro, pese a todo, gran país.

[email protected]

Share

Historias de ambiciones

Enviado por Fernando Jáuregui | 08/06/19

((estos cuatro tienen tras sí otras muchas ambiciones, cuatro por cada municipio y autonomía, al menos. O sea, miles)

 

Claro que en las conversaciones sobre pactos que posibiliten gobiernos los principales responsables son los cuatro líderes de las principales formaciones nacionales, que extienden sus tentáculos a las autonomías y a los ayuntamientos. Es decir, Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias, a quienes habría que sumar, no queda otro remedio, a Santiago Abascal, el jefe de Vox, que ya está contando en acuerdos con el PP en algunos municipios donde ambas fuerzas suman. Pero yo hoy quiero fijarme en otros cuatro nombres que me parecen clave para entender de qué va, y de qué no va a ir, la extraña política en este extraño país nuestro.

Por ejemplo, Begoña Villacís. La candidata a la alcaldía de Madrid a la que Ciudadanos quiere imponer a toda costa para pactar con el Partido Popular en otros lugares, como Castilla y León. Ya veremos si el PP sacrifica a su propio candidato, José Luis Martínez Almeyda, en este juego de tronos capitalino. De este acuerdo puede depender incluso otro, Vox mediante –bueno, Vox está mediante en bastantes sitios–, para la Comunidad madrileña, lugar de máxima exposición que el PP necesita retener para que su fracaso electoral no resulte demasiado obvio. Y, a todo esto, Manuela Carmena, la alcaldesa que parece que ya está cansada del puesto, pendiente del cambio de cromos en el que la señora Villacís es el centro. Todo está, este fin de semana, abierto.

Mi segundo nombre de la semana es María Chivite, que lidera el Partido Socialista Navarro. Y que me parece que, en un enfrentamiento que no es un tongo, está dispuesta a desafiar a la Ejecutiva de Ferraz, que necesita aceptar el inteligente y rupturista ofrecimiento lanzado por el conservador Javier Esparza, de Navarra Suma: sus dos diputados en el Congreso facilitarían la investidura del socialista Sánchez…si el PSN le deja a él, ganador en las elecciones navarras, gobernar esta Comunidad, en lugar de una Chivite aliada con peneuvistas, izquierdistas y, en el fondo, Bildu. No tengo claro cómo acabará este episodio.

Mi tercer nombre es Alfonso Fernández Mañueco. El candidato del PP para presidir la Junta de Castilla y León, otro feudo tradicional de los ‘populares’ ahora en peligro. Pero tendrá que estar apoyado por Ciudadanos, cuyo líder regional, Francisco Igea, tras las muchas y vergonzosas trapisondas vividas en la zona –recuérdese el bochorno llamado Silvia Clemente–, no parece sentir demasiada simpatía por este acuerdo de gobierno. La cosa se agrava, porque una extraña denuncia anónima –admitida por el juez, por cierto—sobre la financiación del PP, y dirigida contra Mañueco específicamente, podría estallar esta misma semana. Y entonces ¿qué?

El cuarto nombre es, por supuesto, Ada Colau. O sea, la alcaldía de Barcelona. O sea, en el fondo, la lucha contra el independentismo catalán. Una lucha en la que no ha brillado precisamente la hasta ahora y quizá en el futuro alcaldesa, a la que, no obstante, sería difícil calificar abiertamente de secesionista. Es el mal menor, como ha dicho Manuel Valls, el ex primer ministro francés que no pudo consolidar su ambición de obtener el bastón municipal en ‘su’ Ciudad Condal. Y por eso, porque, frente a Ernest Maragall, Colau es el mal menor, Valls, rompiendo, como en otro orden de cosas ha hecho Esparza, las consignas de los ‘estados mayores’ de sus respectivos partidos, se atrevió a desafiar a sus propios mentores de Ciudadanos, ofreciendo a sus concejales, sin condiciones, para que la hasta ahora alcaldesa siga en el sillón de la Plaza de Sant Jaume.

Son historias, complicadas, que hablan, claro, apenas de cuatro ambiciones. Hay más. Casi una historia por cada municipio español, por cada autonomía y no digamos ya nada acerca del gobierno nacional. En los cambios de cromos ha habido muy pocos ejemplos de entrega, de generosidad. Y no poca confusión y enormes confusiones.

En medio del marasmo, Sánchez, el candidato oficial, que desde el sitial puede dominar mejor los tiempos, se permite el lujo de esperar, sabiéndose única alternativa (él mismo lo dijo) a ver si los vientos cambian en Ciudadanos o en el PP. Y, mientras, da palmaditas en la espalda de Iglesias, al que creo que de ninguna manera quiere meter en ‘su’ Gobierno. Todo esto sucede, como digo, cuando en los ‘segundos escalones’, el autonómico y el municipal, se juegan partidas de ajedrez simultáneas; historias, insisto, de ambiciones. Que cada día tienen menos que ver con los ideales. Me dicen los que miden cada día las afecciones, aficiones y aflicciones de los lectores digitales que la política ha dejado de interesar a la ciudadanía. No me extraña, la verdad: es un juego de ‘sus’ tronos, o tronitos, o butacones, de los que encarnan esas historias de ambiciones. Tronos que ya nada tienen que ver con nuestras modestas sillas de tijera.

[email protected]

Share

Uno también entra en una nueva era…llena de incógnitas

Enviado por Fernando Jáuregui | 07/06/19

Para mi diario:

-Semana intensísima en Bilbao, Vitoria, Pamplona y Santander. En Bilbao presentamos, con mucho éxito mediático la encuesta de Educa2020 sobre los padres de alumnos de entre 4 y 18 años (muestra: 18.000). En Vitoria, contactos con los medios y conversación con el gran Eduardo Anitua. En Pamplona, presentación de encuesta y del libro de los abogados. En Santander me dieron el premio Paul Harris, que era un premio a Educa2020. Especialmente emocionante ahora que estamos en la recta final de nuestro recorrido en este foro. En la foto, con un Revilla que mira extraño ¿o es mi idea?

@www.educa2020.es

 

Han sido siete años de intenso trabajo, en el que tanto Lourdes Carmona, Alicia Hernández y yo mismo, además de otros colaboradores puntuales, lo hemos dado todo.

 

Creo que también nosotros estamos entrando en una nueva era. Y este blog, para lo que valga, acaba de cumplir trece años. ¿Seguimos?

 

Share

Por cierto, hay desconcierto

Enviado por Fernando Jáuregui | 03/06/19

(Varios siglos han, pasado desde que esta ‘fake’ alcanzó la celebridad))

 

Lo menos que puede decirse con certeza en esta hora de búsquedas a ciegas de pactos, tantas veces ‘contra natura’, es que quienes aspiran a representarnos viven en un cierto desconcierto. O en un desconcierto muy cierto. Ya no saben si utilizar, para seguir con las dos Españas y justificando sus poltronas, los conceptos ‘las derechas’ versus ‘las izquierdas’ o hablar de ‘transversalidad’ y ‘geometría variable’ para excusarse ante lo que en realidad es una imparable búsqueda del poder.
Nada más frágil que las formaciones políticas españolas. Una fragilidad que viene de la falta de ideas y de auténticos ideales. El interés del partido sigue por encima de los intereses de la nación, y ello se evidencia en la falta de pasión con que les votamos. El Partido Popular de antes de las elecciones vira ligeramente hacia zonas más templadas, no sé si por imperativo de las urnas poco halagüeñas o por sincera caída del caballo de Pablo Casado. En Ciudadanos hay montada una muy gorda acerca de si el partido tiene que ser liberal, conservador o regresar a las viejas playas socialdemócratas, que son las que gustan a Valls y, sospecho, al patrón Macron: de momento, parece que los ‘naranjas’, con el predominio de un político de perfil bajo como el secretario general Villegas, se decantan más bien hacia el pacto a la derecha, con el PP. Pero, como siempre digo cuando de las formaciones políticas españolas se trata, y especialmente Ciudadanos, ya veremos…

De Podemos solo puedo decir que los viejos líderes caducos –Ramón Espinar– afilan sus cuchillos contra los ya viejos líderes a punto de caducar –Iglesias, Montero—y que Iñigo Errejón, ‘el gran disidente’, prepara el lanzamiento para este otoño de un partido que significará la práctica liquidación de los morados, digan lo que digan las ‘cumbres’ de Vistalegre.

Y del PSOE de Sánchez…

Bueno, del PSOE de Sánchez solo se puede decir eso: que es el PSOE de Sánchez. No el de Felipe González, ni el de Rubalcaba, ni el de Guerra, ni el de Emiliano García Page (creo), ni el de Guillermo Fernández Vara (creo también), ni el del asturiano Javier Fernández. Ni, en otro plano, el de Susana Díaz. Pero ya hemos dicho muchas veces que el maillot amarillo da alas y, hoy por hoy, los viejos combates en torno a la figura de Sánchez se han atenuado tanto que casi han desaparecido. Y, si hoy tuviesen que repetirse las elecciones, estoy convencido de que el PSOE ‘de’ Sánchez revalidaría su victoria con aún más votos. Entre otras cosas, porque da la impresión –quizá algo falsa—de ‘este’ socialismo es el que tiene las cosas más claras en medio de la barahúnda general, que afecta a casi todos, nacionalistas e ‘indepes’, derechistas por-encima- de- todo e izqueirdistas de varia condición.

Y digo casi porque hay políticos, como Núñez Feijoo o Iñigo Urkullu, que mantienen su estabilidad porque han sido fieles siempre a lo que han venido diciendo y predicando contra viento y marea. Como el alcalde de Vigo, Abel Caballero, o como ‘Kichi’ en Cádiz, por ejemplo.

Ocurre que el desconcierto tangible se extiende a los poderes Legislativo y Judicial: el no haber adecuado la legislación a una realidad muy cambiante hace que los saltos entre lo conveniente y lo establecido en los códigos sean excesivamente llamativos. No hay más que imaginar la magnitud de las deliberación en el Supremo acerca de si debía o no permitirse al preso Jordi Sánchez, el representante de Puigdemont, salir de la cárcel para acudir a la audiencia con el Rey previa a la investidura del ‘otro Sánchez’ (Pedro). La pereza de nuestro representantes a la hora de acometer reformas de calado en la legislación nos ha llevado a este –insisto—desconcierto generalizado, que afecta a la principal institución de este país.

Un desconcierto que, por cierto, a los primeros que afecta es a los ciudadanos, a usted, a mí, a todos. Un desconcierto cierto, muy cierto. Y que, con certeza, tendrá consecuencias, si nadie lo remedia, que no parece.

 

Share

Hay que cerrar con llave muchos sepulcros, no solo el de Franco

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/06/19

((esto es ya el pasado. Casi tanto como Franco. Lo malo es que parecemos –parecen– aprender poco de la Historia para no tener que repetirla))

Me han sorprendido poco los elogios, algunos con sordina, a la figura de Juan Carlos I, que este domingo abandonaba oficialmente –era un hecho desde hacía algún tiempo—su vida institucional. Luces y sombras, decían los más críticos, aunque nadie se preguntaba por los motivos de la nota hecha pública anunciando la ‘dimisión’ –otros decían que ‘nueva abdicación’—de sus funciones como Rey emérito, o como quisiéramos llamarle. Otro signo del fin de una época, en todo caso; otro motivo para un ‘revival’ del pasado. A ver si de una vez encaramos decididamente el futuro, porque si no nos hemos enterado todavía de que ha concluido una era que no va a volver, es que no nos hemos enterado de casi nada.

Puede que, ahora que hemos conmemorado también un año de Pedro Sánchez en el Gobierno y que estamos a punto de celebrar –o no…– un lustro desde su primer ascenso a la secretaría general del partido que hoy gobierna, tengamos ocasión de pasar página a los atavismos: dicen que el Supremo quizá no autorice el traslado de los restos de Franco al cementerio de El Pardo. Supongo que a Sánchez ya le da igual; ha ganado las elecciones y no necesita seguir agitando publicitariamente la contradicción que supone nuestra ‘conllevanza’ con ese espantoso monumento que es el Valle de los Caídos.

Quiero decir que este semana empieza la Política de veras: nos dirán cuándo comienzan –a ver si se aclaran extremos puntillosos, como si el preso independentista y golpista republicano Jordi Sánchez estaría en la lista de interlocutores—las audiencias del Rey con los líderes de los partidos de cara a la investidura de otro Sánchez, Pedro. Sería bueno, en mi opinión, que el propio Sánchez (Pedro), Pablo Casado y Albert Rivera llevasen las cosas lo más resueltas posible al jefe del Estado, pero no me consta ni siquiera que los tres citados se hayan hablado por teléfono, y menos aún me consta que se hayan visto físicamente. Seguimos anclados en el viejo ‘no es no’ a casi todo, a casi todos y entre casi todos. Y así no hay manera.

Por tanto, dependemos de las sorpresas: un golpe de efecto, o de audacia, o de patriotismo, de alguno de los cuatro líderes de la baraja, como lo tuvimos en Cataluña con Manuel Valls, dispuesto a todo con tal de evitar que un ‘indepe’ tan poco razonable como Ernest Maragall gobierne Barcelona. Lo que pasa es que Valls viene de otras galaxias políticas: aquí, el versátil e inteligente Macron sería tildado de oportunista o hasta de ceder ante los ‘chalecos amarillos’. Y es que seguimos anclados en la era del ‘juancarlismo’, si es que no en ciertos resabios del funcionamiento del franquismo. Algo trasnochados, vamos.

Creo que hay que cerrar con llave (no con siete llaves, como luego ha derivado) no solo el sepulcro del Cid, como pedía Joaquín Costa, sino otros muchos sepulcros, reales o metafóricos, y volver a la ‘escuela y despensa’, al regeneracionismo tan anhelado por el político aragonés, a quien se debería recordar estos días mucho más de lo que se hace. Será que ‘ellos’ ni conocen a Costa, ni a Giner de los Ríos, ni a esos recuerdos gloriosos como la Institución Libre de Enseñanza, porque andan liados en otros pasados estériles, a conductas ‘de antes’ a las que aferrarse para no perder poltronas.

[email protected]

Share

El hombre que cambió el utilitario por el Falcon

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/06/19

Tal día como hoy, 2 de junio, hace exactamente un año, Pedro Sánchez-Pérez Castejón se convertía, por la vía extraordinaria de la moción de censura contra Mariano Rajoy, en presidente del Gobierno. Quién lo hubiera dicho. El caso es que se iniciaba el año políticamente más desconcertante, uno de los más trepidantes acaso, en la Historia de la España democrática. Jamás había ocurrido que un hombre, expulsado de la dirección de su propio partido, que no era ya diputado, se convirtiese en el personaje más poderoso de España. Y bien –o al menos mucho– que ha ejercido ese poder en este año en el que hemos vivido peligrosamente.

Pues eso. Que quién lo hubiera dicho. Casi literalmente defenestrado el 1 de octubre de 2016, dimitió como diputado y se lanzó por las carreteras a bordo de su ya famoso Peugeot 407 a la reconquista de la secretaría general, algo que logró hace también casi exactamente dos años, el 18 de junio de 2017, batiendo en primarias a Susana Díaz. Y entonces comenzó la aventura del hombre que iba a convertirse en personaje.

Esa aventura es digna de un grueso volumen; algunos se han escrito ya, y otros libros dedicados a la figura políticamente increíble, para lo bueno y para lo malo, de Sánchez se van a escribir en los próximos meses. Ha logrado que Mariano Rajoy, aún presidente hace un año y dos días, haya quedado prácticamente olvidado; tanto el PP como el resto de los partidos han sufrido un vuelco –¿recuerda usted cuando se hablaba del posible ‘sorpasso’ de Podemoa al PSOE?–, el proceso independentista catalán ha experimentado algunos, muchos vuelcos…Los ángulos desde los que se podría escribir una crónica sobre el año que cambió nuestras vidas son muchos, demasiados. España ha mudado mucho en doce meses de la mano de Sánchez. No siempre para bien, pero tampoco me atrevería a decir que por completo para mal. La partida empieza a jugarse ahora.

Porque lo que interesa en estos momentos es ver qué es lo que cada uno ha aprendido de este período de Historia. Iglesias sigue, como en 2016, reclamando ministerios, que supongo que Sánchez no le dará. Ciudadanos sigue, como en 2016, aparcado en el ‘no es no’, pero ahora a Sánchez, y no a Rajoy, con quien acabaría pactando; en el PP se ha producido un auténtico tsunami tras la victoria en primarias de Pablo Casado sobre Soraya Sáenz de Santamaría; algunas instituciones sigue como en estado de estupefacción; los ‘indepes’ catalanes más señeros están o en la cárcel o dados a la fuga. Y Sánchez, con el maillot amarillo que da alas, ha ganado insuficientemente unas elecciones que pospuso demasiado (no para sus intereses, claro) y está ahora ante el dilema: ¿con quién, cómo, cuánto gobernar?

Seguro que ya no recuerda al hombre del Peugeot 407, porque en un año no solo lo ha aparcado para cambiarlo por el Audi oficial, sino que también ha frecuentado mucho el Falcon, y desde los aires se vo todo diferente. Ni recuerda los bocatas de tortilla de patata con los militantes, él que ahora almuerza en El Elíseo con Macron y se ha convertido en uno de los personajes más influyentes –el poder de las urnas—de Europa. Y me parece que su opinión, tan brutalmente expresada a veces, sobre Rajoy ha cambiado, ahora que tan bien le vendría un pacto subterráneo con el sucesor en el PP. Está, en fin, inmerso en la política de pactos, seguramente todavía pendiente de los consejos, que son casi dictámenes, de Ivan Redondo, el gurú de cabecera. Y cuánto debe estar riéndose de cuantos le despreciaban como a un diosecillo menor, y de los que decían –uno, a veces, también—que era un muerto viviente, aunque él no lo sabía.

Ha pasado un año, y casi nada es lo mismo. El hombre del Peugeot 407 tiene ante sí una oportunidad que le consolidará como un personaje providencial ante la Historia…o que le colocará en las páginas negras de la misma. Nada menos. El hombre abrazado por la diosa Fortuna se enfrenta a un destino lleno de oportunidades incomparables. Como a Zapatero quienes le aclamaban tras haber ganado las elecciones, ahora podríamos repetir “Pedro, no nos falles”…y yo añadiría: más.

[email protected]

Share

Empieza la era de ‘Sánchez I, el afortunado’

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/05/19

((las cosas tiene que cambiar, y mucho. Estos dos hombres han de simbolizar ese cambio, si es para bien, con su pleno entendimiento)).

 

Concluyó un demasiado largo período electoral. Alea iacta est. La inminencia de las urnas ya no condicionará el lenguaje hostil, las tomas de posición frentistas, tantas veces ficticias, las indefiniciones. Me parece que, derrengados tras dos campañas sucesivas en las que se han jugado (no siempre bien) casi todo, los líderes políticos, que son aquellos a quienes hemos entregado los ciudadanos nuestra representación, tendrán que empezar a sacar consecuencias. Ha habido un ganador, guste o no guste, y varios perdedores. Y la era que se inaugura, la de ‘Sánchez Primero, el Afortunado’ –porque menuda suerte tiene–, va a ser distinta a todo lo conocido. Mas vale que nos vayamos haciendo a la idea.

Dejemos al margen las consideraciones sobre las razones que han llevado a que ‘Sánchez I el afortunado’ vaya a acaparar, a lomos de apenas 123 escaños, más poder del que tuvo Rajoy en 2011 con mayoría absoluta de 186 diputados; el caso es que él, Sánchez el afortunado, ha salido fortalecido, y los demás, a distintas escalas, más o menos debilitados. Ahora, él, que nunca ha sido un personaje generoso, tendrá que extremar la generosidad para con los otros, incluyendo para con aquellos que se han pasado en descalificaciones y ciertas demasías dirigidas al hombre que durante los últimos once meses ha sido, y seguirá siendo, presidente del Gobierno de España. Y tendrá que fortalecer el papel del Rey, que inicia ahora semanas de pasión con encuentros con personajes que quisieran derribarle, lo mismo que tendrá que consolidar el papel del jefe de la oposición. Casi nada.

No, Pedro Sánchez no va a ser el político que permita la independencia de Cataluña, por más que algunos de sus adversarios vean, o digan que ven, constantes indicios de ello: que si la presidenta del Congreso quiso evitar la suspensión como parlamentarios de los diputados presos, que si el presidente del Senado ha declarado no sé qué sobre el indulto a los independentistas… Me parece que todo esto tiene la importancia que tiene: que hay que encarar el ‘problema catalán’ con una mentalidad nueva, y que tanto la señora Batet como el señor Cruz vienen de allá, de Cataluña, y saben que en las calles de Barcelona o Gerona se dicen cosas que no se oyen por Madrid o Toledo, y que las sensibilidades son muy diferentes entre quienes, de este lado del Ebro, defienden el retorno del 155 y los que, del lado de allá, piensan que esto no haría sino agravar las cosas.

Esa parte de las asignaturas pendientes, al menos esa parte, me parece que Sánchez la ha entendido, aunque sea solamente a medias. Ahora le toca hablar más claro, sin temor a perder votos en cualquiera de las dos orillas: está a salvo de las urnas y a merced de la Historia. Tendrá que contentar a esas dos orillas, que es casi como decir que tendrá que contentar a las dos Españas, y no será ofreciendo ministerios a quien no los merece, sino emprendiendo una verdadera labor regeneracionista, como logrará esa muy difícil reconciliación.

Que Sánchez ha sido, hasta ahora, un hombre con más suerte que un finalista en Juego de Tronos, nadie puede discutirlo. Y no sé si merece la pena debatir si este ha sido un mero capricho de la diosa Fortuna o si se lo ha merecido: valor, desde luego, le ha echado. Mucho más que conocimiento, prudencia o talante conciliador. Pero ha sabido aprovechar el maillot amarillo, que ya se sabe que da alas a quien quiere pedalear. Tiene ahora que repartir poder con los ‘coequipiers’ e incluso admitir que los equipos rivales, que no han sabido destronarle, poseen su parte de razón. Ojalá que los líderes de estos equipos rivales entiendan también que ellos han tenido su parte de sinrazón.

No veo, a corto plazo, movimientos telúricos en las formaciones políticas, pero sin duda que, lo mismo que en el caso de Sánchez pero por motivos diferentes, ha llegado el momento de que Casado, Rivera, Iglesias y tantos otros inicien una meditación a fondo, entiendan el mensaje que les han enviado las urnas y obren en consecuencia. Las enseñanzas de este último cuatrienio inestable muestran que puede que varios de los citados no tengan ni cuatro años para fijar nuevos rumbos y comportarse de una manera diferente en pro de los intereses de la nación, no de los suyos.

[email protected]

Share

El inquietante genio morado de Aladino/Sánchez

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/05/19

La semana registró una ciertamente irregular sesión inaugural de la Legislatura, que confío en que no sea un precedente de lo que será la vida parlamentaria durante los próximos cuatro años. Gran barullo en el inicio de esta nueva etapa política, que sirvió para difuminar el final de la una campaña electoral que ha sido bastante átona: ni siquiera las ‘batallas’ de Madrid y Barcelona han logrado el suficiente protagonismo ante la que nos ha caído en los últimos días.

La mala planificación de los tiempos, que hizo casi coincidir las elecciones del pasado 28 de abril con las de este domingo, hizo que se superpusiesen esté pésimo comienzo de la andadura del poder Legislativo con la crisis surgida por el lanzamiento, entre el Tribunal Supremo y el Congreso, de la ‘patata caliente’ que suponía la supresión de la condición de parlamentarios de los diputados secesionistas catalanes que aún permanecen en prisión provisional.

Así, la recta final de la campaña para las elecciones europeas, autonómicas y locales de este domingo quedó de hecho vacía de contenido y de interés: todos, los ciudadanos, los medios nacionales y los internacionales estaban pendientes del espectáculo dado por el conflicto de poderes, que tanto está desgastando a las instituciones y a la imagen exterior de España. Y todos pendientes también, claro, del ‘fenómeno Pablo Iglesias’, que tampoco está mal.

Si usted se da una vuelta por los cenáculos y mentideros políticos madrileños comprobará que no se habla de otra cosa que de Pablo Iglesias y de su futuro político que es, por supuesto, el de todos nosotros. De eso, y del atuendo con el que se presentará ante el Rey cuando el jefe del Estado inicie, que será de inmediato, sus consultas con los dirigentes de los partidos políticos con representación parlamentaria (excepto Esquerra Republicana, que parece que no acudirá a La Zarzuela para mostrar que no legitima la figura del Monarca).

Bueno, también es verdad que no faltará el morbo a la hora de conocer quién será el designado por Puigdemont para que acuda, en representación de Junts per Cat, a ver a Felipe VI: ¿el preso Jordi Sánchez, con su lazo amarillo incorporado? No creo que el Supremo le permita salir de la cárcel de Soto del Real, pero, en todo caso, ya digo que el morbo no falta.

Pero esto no será nada en comparación con el encuentro con el jefe del Estado del confeso republicano, aspirante a ocupar desde una vicepresidencia del Gobierno hasta varios ministerios, líder de Podemos. Los españoles estamos acostumbrados ya a los contrastes espectaculares, a las imágenes políticas rupturistas; aquí ha pasado, en los cuatro últimos años, casi de todo. Ningún otro país europeo registra tal riqueza ‘cromática’, vamos a decirlo así.

Pero que una formación que parece que desciende en los favores del electorado aspire a ocupar cargos de gran responsabilidad en el Ejecutivo que sin duda presidirá Pedro Sánchez tampoco deja de ser una anomalía. ¿Es la coalición PSOE-Podemos, tenga este último la cuota de poder que tenga, lo mejor para España? Sinceramente, no lo sé: siempre pensé que de esta crisis en la que estamos instalados saldríamos con una coalición de centro izquierda o, menos probable, de centro derecha. Pero siempre me negué a creer que se posibilitaría una coalición izquierda-más izquierda. Y que alguien que, como Pedro Sánchez, ha jurado servir a la actual Constitución (monárquica) acabase echándose en brazos de quien ha proclamado la ilegitimidad del Rey y las bondades de la causa republicana, proclamas a las que tiene perfecto derecho, pero que chocan formando parte del Gobierno del Reino de España, la verdad.

Así que, qué quiere usted, la incógnita sobre la personalidad del/de la futuro/a alcalde/alcaldesa de las dos mayores ciudades españolas, o quién presidirá las Comunidades de Madrid o de Castilla y León, por ejemplo, adquiere carácter casi secundario. Excepto, claro, el poder territorial que, merced a los acuerdos propiciados por una normativa electoral inadecuada, también pueda adquirir Podemos, pese al retroceso que le pronosticaban algunas encuestas, para lo que valgan.

Carezco, lo confieso, de información directa –creo que ni el propio Pablo Iglesias está seguro de lo que vaya a ser de él y de su porvenir en la vida política española–, pero leo especulaciones, quizá bien fundadas, sobre las aspiraciones del peculiar líder morado: que si quiere ser vicepresidente, que si se ‘conforma’ con un Ministerio como Hacienda, Fomento o Trabajo…Uno de los más agudos ‘cartoonists’ de España, Tomás Srrrano, dibujó ayer en ‘El Español’ a Iglesias como el genio de la lámpara, diciéndole a Aladino/Sánchez: “te concedo el Gobierno, pero no te confundas, no soy un genio, soy el ministro de Trabajo”.

Creo que Iglesias ha aprendido poco desde sus errores de enero de 2016, cuando, tras salir de su audiencia con el Rey –camisa blanca sin chaqueta y una especie de vaqueros–, compareció ante los chicos de la prensa para anunciarles que se conformaba con la vicepresidencia, varios ministerios, los servicios secretos, Televisión Española…y que otorgaba a Pedro Sánchez, “como una sonrisa del destino”, la posibilidad de ser presidente.

Ahora, olvidando que el sentido común es el menos común de los sentidos, dice que ve “de sentido común” entrar en el Gobierno de junio 2019 como ministro. Aunque sea de Marina, como dijo Companys, el pre-secesionista catalán que, supremo dislate, por designación de Azaña dirigió la Armada española durante tres meses…antes de ser confinado en un buque-prisión en el puerto de Barcelona. A ver si se creía usted que esta de ahora es la única era de política surrealista en la Historia de este país nuestro.

[email protected]

Share

Llega, ay, la Feria del Libro…

Enviado por Fernando Jáuregui | 24/05/19

Lo aviso desde ahora: el 31 de mayo, firmando libros en la feria de Madrid. Firma y charla. Y, si se tercia, hasta una cervecita horrible de esas de la Feria. No me dejéis en esa horrible soledad del firmante (no firmante, en realidad) de la puñetera Feria…Se admiten conversadores y no compradores, aunque lo ideas serían conversadores/compradores…
a feria…

Share