¿Estamos seguros de que así se puede desarrollar una campaña electoral?


—-
(Que no, que no me lo creo. ¿Cómo es posible que Junqueras y Puigdemont sigan siendo los héroes en los sondeos catalanes, tras todo lo que ha pasado? Urge que los constitucionalistas dejen de pegarse tiros en el pie y propongan programas atractivos para la ciudadanía, ahora que empieza la campaña))

Creo que, desde aquellas casi constituyentes de junio de 1977, he atisbado, desde una mayor o menor cercanía, todas las campañas electorales que en España y sus territorios han sido. O sea, muchas. Pensé que aquella sobre la que, desde luego, también escribí en marzo de 2004, tras el terrible atentado de Atocha y todo el disparate político que lo siguió, culminaba todas las posibilidades del disparate, de lo inusual, del retorcimiento de la legalidad. Claro que quién podía imaginar entonces, hace trece años, que nos íbamos a enfrentar a un proceso preelectoral como el que formalmente va a comenzar en Cataluña dentro de poco más de una semana.

Yo no sé, la verdad, si así se puede iniciar una campaña con verdaderas garantías de que esas elecciones tendrán un resultado políticamente aceptable. Así que algo tiene que pasar. Algo, esperemos que algo bueno, va a pasar.

Muchas veces me he preguntado qué diablos tiene que ocurrir en Cataluña para que los catalanes perciban que, de seguir en la insania, están al borde del colapso total: la corrupción oficial –y social—no ha tenido parangón ni en el Madrid cortesano, ni en la Valencia del PP, ni en la Andalucía de los ERE, ni en la última Legislatura de Felipe González. Los desplantes chulescos de la CUP –y también del mismísimo president de la Generalitat—a la legalidad más básica, a las normas democráticas más elementales, han sido constantes y muy graves. Desde Bélgica, Puigdemont se permite abundar en la demasía de Marta Rovira, sugiriendo que el Gobierno central, o el Estado español, o España, vaya usted a saber, no dudaría en propiciar un baño de sangre ante un avance separatista. Menuda barbaridad, máxime conociendo los parámetros por los que se desarrolla la actual política española. Y, desde la prisión, Oriol Junqueras dirige la estrategia electoral de su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, que será presumiblemente, si nadie lo remedia, el más votado en las elecciones.

Y eso, eso, es precisamente lo que provoca mi perplejidad. Que los catalanes sigan, al menos es lo que dicen las encuestas, votando lo mismo y a los mismos. Con todo lo que ha pasado. Con el relato publicado –yo mismo lo he intentado en un libro—de lo que fueron aquellos días entre agosto y comienzos de noviembre de este año. O, yendo algo más lejos, lo que ocurrió entre las elecciones autonómicas de septiembre de 2015 y la declaración de independencia y posterior votación en pucherazo clarísimo el pasado 1 de octubre.

¿Cómo, con estos datos en la mano, alguien puede seguir pensando en votar a esa pandilla de chiflados, por muy poco que le gusten las otras opciones, que también entiendo que susciten reticencias? Pues nada: ahí están, dicen los sondeos, el señor Junqueras y el señor Puigdemont encabezando el ‘hit parade’ de los más populares entre los votantes catalanes. Y mira que desde no pocos medios se han puesto en evidencia sus manejos, sus torpezas, hasta qué punto han puesto a Cataluña en trance de liquidación; así que ya vemos, como parece que ocurre en los Estados Unidos con Trump, que los medios, llegados hasta este punto extremo, cuentan, contamos, ay, poco ante el descontento ciudadano ‘con lo que hay’.

El ’complejo de Sansón’ es lo que tiene: húndase el templo con los filisteos, aunque también, de paso, resulte yo aplastado. Muchos pueblos, muchas veces, se han hundido gracias a esta filosofía suicida, que ‘desde Madrid’ debería haber sido balanceada con nuevas propuestas, más ideas, mucho más diálogo, que hoy son ya posibilidades temo que casi inexistentes. Pero alguien debería decir a los catalanes, como parte de la campaña electoral que se avecina, si hay o no vida después de la aplicación del artículo 155, si hay un ‘plan B’ para después del 21 de diciembre. Me da la impresión de que alguien debería sacar a la luz tales planes, si es que existen, para con ellos influir sobre el resultado electoral, en lugar de aguardar a ver cuál es el resultado electoral –que en ningún caso va a ser del todo bueno para los que creemos en la unidad territorial—y entonces lanzarse a elaborar, tarde y mal como siempre, esos planes.

Como dice mi amigo Carlos Herrera, en España siempre parecemos estar ante una semana decisiva. Son demasiadas tales semanas, que transcurren dando vueltas siempre a lo mismo, Lo Único, mientras olvidamos incendios, sequías terribles, un panorama internacional preocupante…y vivir, que es mucho más importante que filosofar. Pero, claro, ocurre que son en verdad semanas decisivas las que hemos transcurrido y las que aún tenemos por delante. Y vuelvo a donde empecé: no, así no se puede afrontar con una mínima seguridad, con garantías, una campaña electoral. Así que tendrán que pasar cosas, desde salidas de la cárcel hasta regresos del falso ‘exilio’, que normalicen un poco –un poco—la situación.

fjauregui@educa2020.es

Deja una Respuesta